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Traición y Ternura: El Regreso de Sofía

Capítulo 3 

Palabras:623    |    Actualizado en: 09/07/2025

s, o quizás

ibujaba en la pen

ntrañas y la sed me

ché risas famili

era se abrió, y la luz del ext

, seguida de V

picnic, como si estuv

aquí!", exclamó co

a en su

ula y se agachó, poniend

dado de comer. Qué gr

y sacó un plato

de pan duro y enmohecido

ebajo de los bar

rita. Buen

stallaron en

amente, sin mo

alvaje dentro de mí, pero

regalo?", preguntó Isabella,

luso aquí, en la basura, sigues

tada en la jaula, haciendo que

e!",

il, mi mirada f

mi voz sonó ronca

errible. No tienes idea de c

una risa

ndome? ¿Tú? ¿Una vie

hacia su

La vagabunda me

e acercó

carle la memoria sobre cuá

ntió con e

ección que

una sonrisa gen

sillo y la introdujo en

. Es hora de

rta se

ada de miedo,

satisfacción d

la, su figura bloqueando

hó fren

er a respetar

ces me

as sus

un lado, y el sabor metálic

eño espacio, seguido por las

barbilla, forz

el principi

ine contigo, roga

os ojos, dejando que vie

ntarán", le dije, cada pala

el día en qu

solo la hizo

iente! Me

barbilla y s

les ordenó

e agarraron de los brazos, levantándome y

inmov

uno de sus carísim

guja brillaba

poco de esa arrogancia", d

lló contra

a pura se me esca

plosión blanca y caliente qu

l hueso

s se r

rrumbaba contra los barrote

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Traición y Ternura: El Regreso de Sofía
Traición y Ternura: El Regreso de Sofía
“La invitación llegó en un sobre nacarado, con letras doradas que anunciaban el evento del año. Isabella, la flor y la promesa de nuestra generación, se casaba con Ricardo, el magnate más joven. Con una falsa generosidad, invitó a todos, menos a mí. Mi nombre, Sofía, no estaba en la lista, como esperaba. Para ella, siempre fui una sombra, una vieja insignificante. "No estás invitada a mi boda", dijo Isabella, sus ojos fríos como el hielo, su voz, veneno disfrazado de miel. Me acusó de ser una cazafortunas, de no merecer ni el aire que respiraba. "Entiendo", le respondí con calma, intentando ahogar la rabia que me quemaba por dentro. Entonces, me empujó, me arrastró por el cabello y me metieron a la fuerza en una camioneta de lujo. Me llevaron a la perrera municipal, arrojándome a una jaula inmunda. Allí, encadenada y humillada, fui testigo de lo impensable. Regresó con sus amigas, y mientras se burlaban, Isabella golpeó mi rodilla con su tacón. El dolor era insoportable, pero no tanto como ver a mi leal Pancho, mi pequeño chihuahueño, interponerse entre nosotras, valiente hasta el final. "No... por favor, no..." , supliqué entre lágrimas, ofreciéndole todo mi dinero, mi fortuna entera, si tan solo lo dejaba ir. Pero ella se rió. Y luego, ante mis impotentes ojos, lo mató. El chillido final de Pancho resonó en mi alma, rompiéndola por completo. "Soy... la abuela de Ricardo" , logré susurrar entre los golpes, mientras ella se reía, pensando que estaba loca. Me arañó la cara con sus uñas, y luego, con los restos de un plato de cerámica, aceró un trozo a mi mejilla. La sangre brotó, y ella sonrió. "Ahora tienes una marca que te recordará tu lugar cada vez que te mires al espejo" . Pero en la oscuridad de esa jaula, mientras abrazaba el cuerpo sin vida de Pancho, algo se encendió en mí. La Matriarca había despertado. Y mi venganza sería legendaria.”
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