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El Engaño de Nuestros Padres

Capítulo 4 

Palabras:820    |    Actualizado en: 08/07/2025

mi corazón latía con la fuerza de un tambor, cada segundo que pasaba me sentía más atrapad

i una figura familiar en la acera, de espalda

Rica

e veces después de que mis "padres" me adoptaron, siempre fue amable, siem

e inundó, él era mi

rité, mi voz s

el auto se detuvo con un chirrido,

ieron al verme en el auto, atrapada entre mis dos capt

del auto, Javier la baj

tó Ricardo, su tono era casual, pero sus oj

casi imperceptible, como si su programación estuvier

oz sonara normal, "mis padres me

ecordé una palabra clave que Miguel y yo usábamos cuando éramos niños

mente a los ojos de Ricardo, "él siempre sabía cómo

te', pero en español, la pr

luego, vi un destello de comprensión en sus ojos, él co

risa amplia y relajada,

gre, "oye, Javier, Elena, qué gusto verlos, por cierto,

confundida, y luego a

dijo ella, con

llanta," insistió Ricardo

encias, abrió la puerta y se agachó para mirar, en

oport

y salí corriendo, no miré hacia atrás, solo corrí, esquivando a la gent

un callejón, con el corazón a punto de salírseme del pecho, me escon

a entrada del callejón, esperé, temblando, hasta que

stenerlo, necesitaba llamar a la policía, a alguien, pero luego

, y de nuevo, la misma grabación: "

e, estaba sola, pero entonces, mi teléfono vibró

duró solo

"RICARDO MIENTE.

er, Ricardo me había ayudado, me había dado la o

a: "ÉL NO ES TU AMIG

l callejón, hacia el edificio que daba a la calle princip

amando a la policía, estaba allí, de pie, mirándome direc

sado para engañar a mis captores, pero ahora dirigida a mí, y en sus ojos, vi

ejó sin aire, no había escapado, solo había corrido de una jaula a otra, y

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El Engaño de Nuestros Padres
El Engaño de Nuestros Padres
“El aire en mi cuarto era pesado, cargado con la presión de un futuro que no pedí, hoy era el día de mi examen de ciudadanía. Pero el nombre en la pantalla de mi celular me heló la sangre: Miguel, mi hermano, desaparecido hace tres años. "No vayas al examen. No confíes en ellos. Te estoy buscando." Decía el mensaje, cada palabra taladrando mi mente. Era imposible, las autoridades lo daban por muerto, mis padres adoptivos, Elena y Javier, me habían convencido de que siguiera adelante, de que lo aceptara. Pero yo nunca les creí. Mi pulso se aceleró, y un nuevo mensaje apareció, "¡ES UNA TRAMPA! ¡NO VAYAS!" Miré a Elena, su sonrisa forzada, sus ojos duros, y la ira con la que destrozó la única foto que conservaba de Miguel. Un brillo metálico en su muñeca, un tatuaje en el cuello de Javier, la verdad se revelaba: no eran mis padres. Eran impostores que me arrastraban a una trampa, ¿pero por qué? En un acto desesperado, grité el nombre de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, la única persona en la que creía poder confiar. Me ayudó a escapar, o eso pensé, hasta que un mensaje me advirtió: "RICARDO MIENTE. ÉL LOS CONTROLA." Y lo vi, en la ventana, con una sonrisa fría y triunfante, el mismo Ricardo, mi salvador, era mi verdadero carcelero. Mi corazón se rompió, no había escapado de una jaula, solo había llegado a otra. Mientras intentaba huir de nuevo, mi teléfono sonó, era el Dr. Salazar: "Su hermano... Miguel, falleció esta mañana." No, no otra vez, ¿era todo una alucinación, un truco de mi mente traumatizada? "Muerto. Muerto. Muerto." La palabra resonaba. Si Miguel estaba muerto, ¿por qué me había estado advirtiendo?. Solo había una forma de saberlo. "Si mi hermano está muerto, quiero ver su cuerpo," dije, mi voz temblaba, pero era firme, "quiero ir a la morgue." Era la única manera de saber la verdad, una verdad que estaba a punto de romperme o liberarme.”
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