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El Engaño de Nuestros Padres

Capítulo 3 

Palabras:724    |    Actualizado en: 08/07/2025

aso era calculado, mi rostro era una máscara de obediencia, Javier estaba en la s

Elena detrás de mí, su vo

ma sonrisa falsa que Elena me hab

cándose, "hoy es un gran día, e

tinatural que había sentido con Elena, su piel era suave, demas

a del cuello de su camisa, allí, parcialmente oculto, había un pequeño tatuaje, un símbo

rano, cuando usaba camisas de cuello abierto, nunca había tenido

da y sutilmente se acomodó el cuello de

destello metálico, el tatuaje, su comportamiento er

bo

el aire fresco de la mañana se sentía como un

ón, su sonrisa se tensó

su tono era amable, pero su agar

amudeé, señalando su cue

Javier, pero se recuperó al in

na locura de la semana pasada, Elena y yo deci

rápidamente, d

ra de viejos," dijo,

tratando de ser convincentes, solo de mantener el control, el pensamiento de lo que le po

e pretendían ser mis padres, y m

tó, di un paso atrás, tratando d

dije, mi voz temblab

risa de Javier desapareció, su rostro se co

do," dijo, su voz era dura

damente y se colocó a mi otro lado, sujetándome el otro brazo

Elena, su voz era un susurro amenazante

e esperaba en la entrada, luché, pero eran increíblemen

a cada lado, encerrándome, Javier arrancó el

indario, pero ahora parecían un escenario ajeno, un

ña chispa de desafío se encendió en mi interior, no iba

otros autos, las personas en la acera, buscando c

mirándome por el espejo retrovis

rtantes, solo me enviaron un escalofrío

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El Engaño de Nuestros Padres
El Engaño de Nuestros Padres
“El aire en mi cuarto era pesado, cargado con la presión de un futuro que no pedí, hoy era el día de mi examen de ciudadanía. Pero el nombre en la pantalla de mi celular me heló la sangre: Miguel, mi hermano, desaparecido hace tres años. "No vayas al examen. No confíes en ellos. Te estoy buscando." Decía el mensaje, cada palabra taladrando mi mente. Era imposible, las autoridades lo daban por muerto, mis padres adoptivos, Elena y Javier, me habían convencido de que siguiera adelante, de que lo aceptara. Pero yo nunca les creí. Mi pulso se aceleró, y un nuevo mensaje apareció, "¡ES UNA TRAMPA! ¡NO VAYAS!" Miré a Elena, su sonrisa forzada, sus ojos duros, y la ira con la que destrozó la única foto que conservaba de Miguel. Un brillo metálico en su muñeca, un tatuaje en el cuello de Javier, la verdad se revelaba: no eran mis padres. Eran impostores que me arrastraban a una trampa, ¿pero por qué? En un acto desesperado, grité el nombre de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, la única persona en la que creía poder confiar. Me ayudó a escapar, o eso pensé, hasta que un mensaje me advirtió: "RICARDO MIENTE. ÉL LOS CONTROLA." Y lo vi, en la ventana, con una sonrisa fría y triunfante, el mismo Ricardo, mi salvador, era mi verdadero carcelero. Mi corazón se rompió, no había escapado de una jaula, solo había llegado a otra. Mientras intentaba huir de nuevo, mi teléfono sonó, era el Dr. Salazar: "Su hermano... Miguel, falleció esta mañana." No, no otra vez, ¿era todo una alucinación, un truco de mi mente traumatizada? "Muerto. Muerto. Muerto." La palabra resonaba. Si Miguel estaba muerto, ¿por qué me había estado advirtiendo?. Solo había una forma de saberlo. "Si mi hermano está muerto, quiero ver su cuerpo," dije, mi voz temblaba, pero era firme, "quiero ir a la morgue." Era la única manera de saber la verdad, una verdad que estaba a punto de romperme o liberarme.”
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