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Traición de Tacos y el Torero

Capítulo 4 

Palabras:814    |    Actualizado en: 08/07/2025

ritorio ocupado. Entró con su propia llave y fue a su estudio, un santuario lleno de trofeos de su vida pasa

l Toro" Sánchez. Sus capotes, sus muletas, los premios más importantes. Cada objeto era un recuerdo de quién era él antes de

nía un reloj en la muñeca a Mateo. No era cualquier reloj. Ricardo lo reconoció al instante. Era el reloj que él le había regalado a Sofía en su primer aniversario d

la traición, era un frío glacial, una ira calculadora que le aclaró la mente. Ya

úmeros de teléfono, contactos. Hombres de negocios, ganaderos, políticos que había conocido e

ía lo había humillado en su propio terreno: el ho

s exclusivos de Polanco. Se sentía en la cima del mundo. Lucía el reloj caro, vestía un

estaurante. No eran los típicos mariachis que tocan de mesa en mesa. Eran los "Reyes de Jalisco", uno de los grup

nando el silencio que se había hecho en el lugar

uso pálido

an cantante, un nuevo talento. Mis muchachos y yo quisiéramos proponerle un duelo am

u voz era mediocre. Su "carrera" se basaba en cantar en fiestas privadas de gente qu

uedo. Estoy en una cena

miedo?", dijo uno de lo

taurante los miraba.

imó Doña Elena, ajena a la tram

ron. Sus manos sudaban. Intentó cantar "El Rey", pero su voz t

ortura, el líder de los R

José Alfredo Jiménez. Usted no es un charro, es un f

gado, dejando a Mateo en medio del restaurante, rojo de vergüenza, co

tas. La imagen de su protegido, su "enca

Le hizo una seña al mesero, pagó la cuenta de los mariachis y la suya, y se fue sin que nadie notara su pre

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Traición de Tacos y el Torero
Traición de Tacos y el Torero
“El aroma a mole poblano, la esencia misma de mi herencia, llenaba la casa en nuestro aniversario. Ricardo "El Toro" Sánchez, el torero que domó bestias, ahora picaba chiles para su Sofía. Pero el orgullo se me volvió bilis al ver una foto: Sofía sonriendo, riendo a carcajadas con un tal Mateo "El Charro", su nuevo asistente, la mano de él peligrosamente cerca. Ella lo llamaba "jefa", una palabra que aborrecía, y él le había traído tacos. Tacos. Mi mole, mi esfuerzo de ocho horas, ¿despreciado por unos tacos callejeros? La vi defender a ese oportunista frente a mí, frente a todos, llamándome "dramático", "intenso". Y cuando, consumido por el dolor y la humillación, le arranqué el teléfono y la confronté, ella... ella me abofeteó. El golpe dolió, sí, pero más dolió la puñalada en el corazón: limpió la salsa de la cara de su asistente, mientras mi mejilla ardía. "O él se va, o me voy yo", le dije, dándole cinco segundos. Cinco. Cuatro. Tres. Su silencio fue mi respuesta. Salí de esa casa, pero la guerra apenas empezaba. No era solo un pleito de celos, era una afrenta a mi historia, a mi honor. Y ella aún no sabía que "El Toro" no solo domina toros, sino también el arte de la estrategia y la vengancia. Ella iba a probar el sabor agridulce de sus elecciones.”
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