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Traición de Tacos y el Torero

Capítulo 2 

Palabras:820    |    Actualizado en: 08/07/2025

sin precedentes. A las nueve en punto, una flota de camiones de reparto de "Tacos El Güero" se estacionó frente al moderno edificio de

noche llamando a cada taquería de la ciudad, haciendo un pedido masivo a nombre de Sofía Del Valle. Quería tacos, ¿no

ficamente, dentro y fuera de la oficina de Sofía. Cajas y más cajas de tacos al pastor, de suadero, de longaniza, de bistec.

Atravesó el mar de cajas de tacos, que ya llegaban a la altura de su cintura, y encontró a Ri

a esto?", gritó, su voz resonando

un gusto", respondió él, sin alzar la voz. "Considera es

is empleados!", siseó ella, señalando a los rostros

os tacos grasientos que le trae su nuevo perrito faldero? ¿Humillación es escuchar cómo me llamas 'dramático' e 'intenso' con tu madre mientras el otro i

"El Charro" Rodríguez aparec

sted bien? Me llamaron

rando la escena con l

ó en su rostro. Se acercó a una de las cajas, la abrió, sacó dos taco

z baja y amenazante. "Tú eres

do saliva. "Yo... yo solo quería

uno en cada mejilla. La grasa y la salsa se escurrieron por el rostro pálido de Mateo, manchando el cue

izado, con los ojos llenos de lágrimas, no por la emoción, sino por el picor

riendo a limpiar la cara de Mateo co

defendió a él. Esa fue la últi

na calma que helaba la sangre. "N

dura como el acero. "Quiero

umillado Mateo que sollozaba en

edirlo. No ha hecho nada malo. ¡El que

tamente, como si es

n",

entre el pulgar y el índice por un momento, luego la arrojó al suelo. El anillo rebotó en

"Quédate con tu casa, con tu oficina

las montañas de tacos. No miró atrás. No necesitaba hacerlo. El olor a traic

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Traición de Tacos y el Torero
Traición de Tacos y el Torero
“El aroma a mole poblano, la esencia misma de mi herencia, llenaba la casa en nuestro aniversario. Ricardo "El Toro" Sánchez, el torero que domó bestias, ahora picaba chiles para su Sofía. Pero el orgullo se me volvió bilis al ver una foto: Sofía sonriendo, riendo a carcajadas con un tal Mateo "El Charro", su nuevo asistente, la mano de él peligrosamente cerca. Ella lo llamaba "jefa", una palabra que aborrecía, y él le había traído tacos. Tacos. Mi mole, mi esfuerzo de ocho horas, ¿despreciado por unos tacos callejeros? La vi defender a ese oportunista frente a mí, frente a todos, llamándome "dramático", "intenso". Y cuando, consumido por el dolor y la humillación, le arranqué el teléfono y la confronté, ella... ella me abofeteó. El golpe dolió, sí, pero más dolió la puñalada en el corazón: limpió la salsa de la cara de su asistente, mientras mi mejilla ardía. "O él se va, o me voy yo", le dije, dándole cinco segundos. Cinco. Cuatro. Tres. Su silencio fue mi respuesta. Salí de esa casa, pero la guerra apenas empezaba. No era solo un pleito de celos, era una afrenta a mi historia, a mi honor. Y ella aún no sabía que "El Toro" no solo domina toros, sino también el arte de la estrategia y la vengancia. Ella iba a probar el sabor agridulce de sus elecciones.”
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