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Renací Para Odiarte

Capítulo 1 

Palabras:1205    |    Actualizado en: 08/07/2025

lejo distorsionado de su propio rostro en

hasta los huesos, un frío que no ven

ia desalmada, sus voces eran un murmullo clínico que hablaba de "suje

lamaba por

ía, era un

a vida que ahora terminaba, ella habí

adora, bendecida con el "don del éxito" que su madre

ebatado sin dudar, construyendo un imperio de la

do, recibió el "do

rfecto para una chica de su natura

sario influyente de la Ciudad de México que la cubrió de lujos, pe

ible para el mundo, mientras Isa

sabella era una es

es, sanguijuelas que se pegaron

ta, les cerró el gri

organización clandestina que cazaba a perso

e tanto la había elevado, se con

en un laboratorio como

cueto mensaje de su esposo, más preocup

e, ella estaba aquí,

investigar a la familia,

siva, pero para ellos, cualquier don era un rec

có, una agonía que le

ando su mente: al final, a nadie le importó nunca

la envolvió

.

ol le golpeó

padeó, co

había des

ratorio se h

de la infancia, la que

res rosas que tanto od

para muebles que su mad

el pasillo, con ese tono falsamente dul

ahora mismo! ¡Tengo algo m

de Sofía

sa voz, e

ue su madre les pidió q

a cama, sus pie

de una adolescente, su propio rostro de hacía die

ba v

a vu

udió: incredulidad, miedo, y l

o una segunda

, no sería

scaleras l

de pie con dos cajas de madera i

con el periódico en la mano, fingiendo no prestar atenció

on los ojos brillantes de

ojos. "Hoy es un día muy importante. Dentro de estas cajas hay un regalo p

las cajas y la d

de la humildad. Te asegurará u

reció la otr

el don del éxito. Sé q

te como en su

e Isabella, su favorita, obtuviera la herramienta para la glo

sta para repetir la historia pero con un

ez que no le conocía, s

do la caja destinada a

rdo se queda

reprendió su madre. "Ese es el don de

a, una mirada maliciosa en sus oj

a en su vida pasada cuando l

stello de conocimiento, de familiaridad

i para sí misma, pero lo suficientemente alto para que todos la oyeran. "Mientras que el 'éxito' solo me trajo problemas

ongeló en la

miró fi

a... re

ra, ella tambi

iega, había interpretado la histori

a seguridad, sin entender que fue precisamente esa

ente, al destino trágico q

abrió la caja con manos temblorosas, y una suave

humildad ah

sfecha, como si acabar

precio, esperando ve

no hizo n

nrisa se dibuj

ina, llena de un

Isab

entera de sufrimiento, seguía siendo

opio veneno, creyen

Sofía el arma que neces

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Renací Para Odiarte
Renací Para Odiarte
“La última imagen que vi fue el reflejo distorsionado de mi rostro en el acero pulido de una mesa de operaciones. Estaba fría, de un frío que calaba hasta los huesos, no por el metal, sino por la desesperanza. A mi alrededor, figuras de blanco murmuraban sobre "sujetos con dones" y "procedimientos de extracción". Nadie dijo mi nombre. Yo no era Sofía, era un espécimen. En esta vida que ahora terminaba, fui la sombra, la hermana dócil que eligió el "don de la humildad", mientras Isabella, mi hermana, deslumbraba con el "don del éxito" elegido por mi madre. Mi humildad me llevó a una jaula de oro, casada con Mateo, un hombre que me trató como un adorno más. Pero el éxito de Isabella era una espada de doble filo: atrajo la codicia, la traición. Familiares, esas sanguijuelas, la denunciaron a una sociedad secreta. Fue capturada, torturada en un laboratorio como este, y murió. La noticia me llegó fría, sin sentimiento, un escándalo más para mi esposo. Y ahora, aquí estaba yo, en el mismo infierno, experimentando el mismo horror. La sociedad secreta, en su búsqueda, encontró mi "don" y lo consideró valioso. El dolor se intensificó, una agonía que recorría cada nervio. Cerré los ojos con un último pensamiento amargo: a nadie le importó nunca. La oscuridad me envolvió. Un rayo de sol golpeó mis párpados. Parpadeé, confundida. El dolor había desaparecido. El frío laboratorio se había esfumado. Estaba en mi habitación de la infancia, la que compartía con Isabella. Escuché la voz de mi madre, Elena, desde el pasillo: "¡Sofía, Isabella! ¡Bajen ahora mismo! ¡Tengo algo muy especial para ustedes!" Mi corazón se detuvo. Conocía esa voz, esa frase. Era el día. El día en que mi madre nos hizo elegir nuestros dones. Me miré en el espejo: una adolescente, mi rostro sin las marcas del dolor y la resignación. Estaba viva. Había vuelto. Una furia helada y clara me invadió. Esta vez, no sería la víctima.”
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