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Renací Para Odiarte

Capítulo 2 

Palabras:775    |    Actualizado en: 08/07/2025

jecido por la furia. "¿Cómo pudiste elegir la humildad? ¡

dico, mirando a Isabella con una

ija. El éxito es lo que

e satischa con su decisión. Se aferraba a l

a. "La humildad es la verdadera clave. Sofía vivió como una reina si

de la distancia, un torbellin

a absoluta. Isabel

, el imperio de la moda, la traició

estúpidamente egocéntrica

ncia y egoísmo la hab

l "don del éxito" en sí mismo, por ser de

había tomado la caja de l

día, sintió una inclinación natural a no de

fecta para unos padres que

teo, un hombre que no buscaba una e

había sido un

con choferes, cocineros y un arma

y eventos de caridad, orgulloso de su

gel", solía decir.

Isabella conqu

a V.", era sinónim

más cotizados, sus diseños a

e deleitaba

ieron en figuras de la alt

tes se habían preocupado por ellas, aparecieron

cia, los complacía al principio, d

guijuelas nu

e volvieron má

cansó y los rechazó, su resent

aba con una cla

n la noche de una I

. Unos hombres de traje. D

u propia jaula dorad

Es el desastre de tu hermana, no

spués, Isabel

ficial fue u

supo mucho después, fu

ndido la información sobre el "don del é

ue, años después, l

vez que vio a Is

un investigador privado, contratado en secreto con l

metal, delgada, pálida, con los

hada un día antes de

e a ella, radiante de estúpida confianza

e la humildad" no le darí

pulación, más fácil de controlar, más p

rimonio de conveniencia, sino para la misma

, su expresión llena

'éxito'. A ver cuánto duras antes de que te despedacen.

da, no de dolor, sino

olo era cruel

e firmar su propia sen

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Renací Para Odiarte
Renací Para Odiarte
“La última imagen que vi fue el reflejo distorsionado de mi rostro en el acero pulido de una mesa de operaciones. Estaba fría, de un frío que calaba hasta los huesos, no por el metal, sino por la desesperanza. A mi alrededor, figuras de blanco murmuraban sobre "sujetos con dones" y "procedimientos de extracción". Nadie dijo mi nombre. Yo no era Sofía, era un espécimen. En esta vida que ahora terminaba, fui la sombra, la hermana dócil que eligió el "don de la humildad", mientras Isabella, mi hermana, deslumbraba con el "don del éxito" elegido por mi madre. Mi humildad me llevó a una jaula de oro, casada con Mateo, un hombre que me trató como un adorno más. Pero el éxito de Isabella era una espada de doble filo: atrajo la codicia, la traición. Familiares, esas sanguijuelas, la denunciaron a una sociedad secreta. Fue capturada, torturada en un laboratorio como este, y murió. La noticia me llegó fría, sin sentimiento, un escándalo más para mi esposo. Y ahora, aquí estaba yo, en el mismo infierno, experimentando el mismo horror. La sociedad secreta, en su búsqueda, encontró mi "don" y lo consideró valioso. El dolor se intensificó, una agonía que recorría cada nervio. Cerré los ojos con un último pensamiento amargo: a nadie le importó nunca. La oscuridad me envolvió. Un rayo de sol golpeó mis párpados. Parpadeé, confundida. El dolor había desaparecido. El frío laboratorio se había esfumado. Estaba en mi habitación de la infancia, la que compartía con Isabella. Escuché la voz de mi madre, Elena, desde el pasillo: "¡Sofía, Isabella! ¡Bajen ahora mismo! ¡Tengo algo muy especial para ustedes!" Mi corazón se detuvo. Conocía esa voz, esa frase. Era el día. El día en que mi madre nos hizo elegir nuestros dones. Me miré en el espejo: una adolescente, mi rostro sin las marcas del dolor y la resignación. Estaba viva. Había vuelto. Una furia helada y clara me invadió. Esta vez, no sería la víctima.”
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