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Cuando el Perdón es Tarde

Capítulo 1 

Palabras:866    |    Actualizado en: 08/07/2025

metió en los pulmones y me revolvió el estómago. Empujé la puerta de la habita

ero no de la forma en que el amor lo hace, sino

orde de la cama. Sostenía una cuchara con sopa humeante y la

", le susurraba, su voz era un mu

mohadas, con el rostro pálido y los ojos llenos de lágri

y al verme, su rostro se endureció, la tern

ía? ¿No te dije que t

rada en el umbral, sintiendo cómo la i

ás fuerte de lo que pretendía, temblando de

ia la ciudad que afuera susu

ablando, Ricardo. Tod

n atropelladas, trop

ue a mí me atacaron esos hombres, que el bebé

de ellos, sino de él. Porque era s

la mesita de noche con un gesto de fastidio. Se

, vas a alte

las sábanas, sollozando suavemente, como si mis palabras la

r lo que oía. "¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de

. Apenas se notaba, pero ahí estaba, una pequeña vida que se

e. Sus ojos estaban fijos en

ra el de alguien que le explica algo obv

rente

ación más lógica del mundo. "Un escándalo así arruinaría su vida, su

ando cualquier rastro del hombre con el que me casé, del hombre a

contr

raño con oj

sí estoy casada, así que a mí sí me puede caer toda la mierda

ostenerme el reto. "Tú eres más f

sa cosa cálida y brillante que había sentido por él durante años, se hizo cen

a mí. Solo amó la idea de tenerme, la comodidad de mi sumisión.

pero no eran de tristeza. Eran d

hombre que había destruido

na, vacía de toda emoción. "Ya que mi reputac

no con rabia, sino con una desp

azón para que nazc

na chispa de pánico en sus oj

ortar, Ricardo. No voy a traer a un hijo a un mundo donde su

tación, dejando atrás el olor a desinfectante, el sonido de

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Cuando el Perdón es Tarde
Cuando el Perdón es Tarde
“El aire del hospital olía a desinfectante y a desgracia, pero mi determinación era de acero al empujar la puerta de la habitación de Camila. Dentro, encontré a Ricardo, mi esposo, susurrando dulzuras a Camila, una delicadeza que nunca me había dedicado a mí. Mi entrada interrumpió la escena, y su rostro se endureció: "¿Qué haces aquí, Sofía? ¿No te dije que te quedaras en casa?". No pude más: "¿Que qué hago aquí? ¡Todo el mundo dice que fui yo, que a mí me atacaron, que el bebé que espero es una vergüenza, un bastardo!". Él me calló, protegiéndola a ella: "Baja la voz, vas a alterar a Camila". Mi ira estalló: "¿Alterarla a ella? ¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de tu esposa y de tu hijo? ¡Tu hijo, Ricardo!". Entonces, me soltó la frase que lo cambió todo: "Camila es diferente. Ella aún no está casada. Un escándalo así arruinaría su vida". Me quedé helada, buscando al hombre con el que me casé, pero solo encontré a un extraño con ojos de hielo. "¿Y yo?", susurré, incapaz de creerlo. "¿A mí sí me puede caer toda la mierda encima? ¿Mi reputación no importa? ¿La de tu hijo tampoco?". "Tú eres más fuerte, Sofía. Tú puedes con esto", respondió él, desviando la mirada. En ese instante, algo se rompió dentro de mí para siempre. Lo miré, al hombre que había destruido mi vida para proteger a otra. "Bien", dije, mi voz extrañamente serena. "Ya que mi reputación no importa, y la de este bebé tampoco... entonces no hay razón para que nazca en este infierno". Una chispa de pánico apareció en sus ojos: "¿De qué estás hablando?". "Del aborto", dije, cada sílaba afilada. "Voy a abortar, Ricardo. No voy a traer a un hijo a un mundo donde su propio padre lo usa como escudo para proteger a su amante". Me di vuelta y salí de esa habitación, dejando atrás el olor a traición y los restos de mi vida hecha pedazos.”
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