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Cuando el Perdón es Tarde

Capítulo 3 

Palabras:891    |    Actualizado en: 08/07/2025

ue me despertó, sino los golpes secos y a

e la puerta

suegra. Su tono era gélido, lleno de un despr

endo cada músculo de mi cuer

arfil, su cabello perfectamente peinado y su rostro contraído en una máscara de indignació

mirada recorriéndome de pies a cabeza con

caba una respuesta

¿No tienes vergüenza? Después de todo lo que mi hijo ha hecho por ti, sacándote de

e, ya no dolían como antes. El dolor de la

s ojos, una calma fría in

mi voz sorprendentemente firme. "Us

. "Sé que eres una cualquiera que no sabe cuál es su lugar.

filado. "Pregúntele a él por qué la víctima de ese ataque tuvo que ser yo en los medios. Pregúntele por qué

yo, le había hablado de esa manera. Abrió la boca para gritarme,

esperada. Se interpuso entre nosotras, poniendo una

cardo! ¡Esta mujer te está manipulando! ¡Hay q

esión en la habitación era insoportable. Ricardo

. Delante de ella. ¿Quién fue la que se fue de borracha a un bar y provocó

sado. Vi a Ricardo tragar saliva. Vi la lucha en sus ojos, una

bardí

vitando mi mirada

madre. "¡Dilo fuert

nalmente a los ojos, pronunció la sen

o, su voz clara y sin

de mi corazón rompiéndose fue lo único que escuché. N

risa triunfante y cruel. "

sa. Solo un vacío inmenso, una paz extraña que vien

para mí. Ya no había amor, ni odio. Solo una indiferencia

, un gesto pequeño y

o", dije s

mbos. Esperaban gritos, lágrimas

"¿De acuerdo? ¿Qué quiere

a como un lago congelado. "Fui yo. Yo soy la culpable de todo

abitación y cerré la puerta su

no temblaban. Busqué el número del ginec

vía la mirada tenía los ojos rojos, pero estaban secos. Había una nueva

sumisa y en

el pasillo, asesinada por

e. Y los supervivientes hacen lo qu

enos días", dijo una voz

lara. "Necesito programar una cita. Para

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Cuando el Perdón es Tarde
Cuando el Perdón es Tarde
“El aire del hospital olía a desinfectante y a desgracia, pero mi determinación era de acero al empujar la puerta de la habitación de Camila. Dentro, encontré a Ricardo, mi esposo, susurrando dulzuras a Camila, una delicadeza que nunca me había dedicado a mí. Mi entrada interrumpió la escena, y su rostro se endureció: "¿Qué haces aquí, Sofía? ¿No te dije que te quedaras en casa?". No pude más: "¿Que qué hago aquí? ¡Todo el mundo dice que fui yo, que a mí me atacaron, que el bebé que espero es una vergüenza, un bastardo!". Él me calló, protegiéndola a ella: "Baja la voz, vas a alterar a Camila". Mi ira estalló: "¿Alterarla a ella? ¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de tu esposa y de tu hijo? ¡Tu hijo, Ricardo!". Entonces, me soltó la frase que lo cambió todo: "Camila es diferente. Ella aún no está casada. Un escándalo así arruinaría su vida". Me quedé helada, buscando al hombre con el que me casé, pero solo encontré a un extraño con ojos de hielo. "¿Y yo?", susurré, incapaz de creerlo. "¿A mí sí me puede caer toda la mierda encima? ¿Mi reputación no importa? ¿La de tu hijo tampoco?". "Tú eres más fuerte, Sofía. Tú puedes con esto", respondió él, desviando la mirada. En ese instante, algo se rompió dentro de mí para siempre. Lo miré, al hombre que había destruido mi vida para proteger a otra. "Bien", dije, mi voz extrañamente serena. "Ya que mi reputación no importa, y la de este bebé tampoco... entonces no hay razón para que nazca en este infierno". Una chispa de pánico apareció en sus ojos: "¿De qué estás hablando?". "Del aborto", dije, cada sílaba afilada. "Voy a abortar, Ricardo. No voy a traer a un hijo a un mundo donde su propio padre lo usa como escudo para proteger a su amante". Me di vuelta y salí de esa habitación, dejando atrás el olor a traición y los restos de mi vida hecha pedazos.”
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