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Cuando el Perdón es Tarde

Capítulo 2 

Palabras:881    |    Actualizado en: 08/07/2025

illo, me agarró del brazo co

fía! ¡No puedes

n tirón violento. "Suéltam

a mezcla de ira y miedo. "No pued

ue la reputación de Camila valía más que su dignidad"

ue él tanto temía para Camila, ahora se reflejaba en su propio rost

la ventana, viendo las luces de la ciudad pasar como manchas borrosas, sintiéndome compl

o con tanto amor, sentí una nueva oleada de náuseas. Ricardo me

ecesitas

dulzón y desconocido invadió mis fosas

e centro, una revista de moda abierta y un vaso a medio beber con una marca de labial roj

Mi hogar se había con

pies. Me apoyé en la pared para no

? Siéntate, te trae

o yo no la toqué. Me quedé de pie, mirando cada objeto que n

prudente. "Sofía, tenemos que hablar. Lo que dijiste en el h

do ocupada escuchando el silen

haciendo vibrar los cristales de las ventanas.

rito agudo vino de la

card

la. Un grito lleno

o una descarga eléctrica. No dudó ni un segundo. No me miró. Si

o cómo el cielo se partía en dos y

. Solo es una tormenta. Est

bía juzgado y condenado, ahora era un bá

doblarme sobre mí misma, abrazando mi vientre como si pud

esó a la sala. Tenía una expresión

tiene pánico a las tormentas desde

. Era un cobarde que elegía el camino más fácil, el que alimentaba su ego. Camila, con su fragilidad calculada, l

epetí, mi voz monóton

o pareciera "entender". "Exac

stra boda, bajo un sol radiante. Él me había tomado las manos y me había

vacía. Qué men

sentía pesado, como si cargara c

mi voz sin inflexio

o. Cerré la puerta detrás de mí, dejando a Ricardo en la sala, proba

golpeaba la ventana con furia, como si llorara por mí. Y en l

el apellido de un hombre que no lo merecía. Lo

ra destrozarme a mí

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Cuando el Perdón es Tarde
Cuando el Perdón es Tarde
“El aire del hospital olía a desinfectante y a desgracia, pero mi determinación era de acero al empujar la puerta de la habitación de Camila. Dentro, encontré a Ricardo, mi esposo, susurrando dulzuras a Camila, una delicadeza que nunca me había dedicado a mí. Mi entrada interrumpió la escena, y su rostro se endureció: "¿Qué haces aquí, Sofía? ¿No te dije que te quedaras en casa?". No pude más: "¿Que qué hago aquí? ¡Todo el mundo dice que fui yo, que a mí me atacaron, que el bebé que espero es una vergüenza, un bastardo!". Él me calló, protegiéndola a ella: "Baja la voz, vas a alterar a Camila". Mi ira estalló: "¿Alterarla a ella? ¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de tu esposa y de tu hijo? ¡Tu hijo, Ricardo!". Entonces, me soltó la frase que lo cambió todo: "Camila es diferente. Ella aún no está casada. Un escándalo así arruinaría su vida". Me quedé helada, buscando al hombre con el que me casé, pero solo encontré a un extraño con ojos de hielo. "¿Y yo?", susurré, incapaz de creerlo. "¿A mí sí me puede caer toda la mierda encima? ¿Mi reputación no importa? ¿La de tu hijo tampoco?". "Tú eres más fuerte, Sofía. Tú puedes con esto", respondió él, desviando la mirada. En ese instante, algo se rompió dentro de mí para siempre. Lo miré, al hombre que había destruido mi vida para proteger a otra. "Bien", dije, mi voz extrañamente serena. "Ya que mi reputación no importa, y la de este bebé tampoco... entonces no hay razón para que nazca en este infierno". Una chispa de pánico apareció en sus ojos: "¿De qué estás hablando?". "Del aborto", dije, cada sílaba afilada. "Voy a abortar, Ricardo. No voy a traer a un hijo a un mundo donde su propio padre lo usa como escudo para proteger a su amante". Me di vuelta y salí de esa habitación, dejando atrás el olor a traición y los restos de mi vida hecha pedazos.”
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