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Venganza De La Hermana

Capítulo 1 

Palabras:842    |    Actualizado en: 08/07/2025

cálido, la música de mariachi flotaba en el aire y mi hija, Sofía Jr., reía mientras chapoteaba en la piscina. Mi esposo, Carlos Mendoza, me rodeó con su braz

una fachada, un escenar

, sosteniendo un micrófono. Su sonrisa había desaparecido, reemplazada por una máscara de dolor y traición

lando falsamente. "Pero hay algo que deben saber. Algo sobre la mu

lado, mis padres, Ricardo y Elena Vargas, me miraban con

de hotel que no reconocí. En él, una mujer que se parecía inquietantemente a mí estaba en la cama con un hombre desconocido. La imagen era borrosa, la

e los invitados. Sentí cientos de ojo

o?", pregunté, mi vo

ndo a la multitud. "No solo me

erior, se soltó de la mano de mi madre y corrió hacia Carlos. Lo señaló y luego a mí,

¡Mami me pega! ¡

equeño torso, cubierto de moreton

nes. No. No, eso no era posible. Yo nunca, jam

yuda, de alguien que me creyera. Mis ojos se encontraron con los de mis

a familia, el hombre que me enseñó a ser fue

"No solo ha deshonrado a su familia y a su esposo, sino que también ha traicionado a nuestra

í como una lluvia de rocas, aplastándome, enterrándome viva. La multitud, antes festiva, se hab

ruj

usad

adr

i cabello, golpes en mi espalda, arañazos en mis brazos. Caí al suelo, el duro pavimento raspando mi piel. En medio del caos, vi los rost

de amor, llenos de un

or qué? ¿Por qu

olor se desvanecía, llevándose mi últi

.

tiendo a un ritmo frenético, el sudor frío empapando mi pijama. Estaba en mi

Sofí

acto. Tenía fiebre. Recordé este día. Era el 4 de mayo, el día antes de nu

igital en mi mesita

taba

a vu

e que mi vida fuera destruida. Y esta vez, no iba a permitir que

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Venganza De La Hermana
Venganza De La Hermana
“Mi vida era una postal perfecta: un resort de lujo en Cancún, el sol, la música de mariachi, mi pequeña Sofía Jr. riendo en la piscina y mi esposo, Carlos, con esa sonrisa que me hizo creer en los cuentos de hadas. Todo parecía felicidad. Pero esa perfección se hizo añicos cuando Carlos subió al escenario, su sonrisa transformada en una mueca de dolor. Anunció que Sofía Vargas, o sea yo, era infiel. La pantalla gigante mostró un video granulado: una mujer inquietantemente parecida a mí en la cama con un desconocido. El murmullo de la multitud se convirtió en gritos y acusaciones. Para rematar la humillación, mi propia hija, Sofía Jr., se levantó la blusa, revelando horribles moretones y acusándome: "¡Mami es mala! ¡Mami me pega!". Luego, mi padre, Ricardo Vargas, sumó la traición empresarial: "Sofía ha estado robándonos durante años". Las acusaciones cayeron sobre mí como una lluvia de rocas: infidelidad, abuso infantil, desfalco. La gente me atacó, arañó y golpeó. Caí al suelo, viendo a mi familia observarme con un triunfo frío y calculado. No entendía. ¿Por qué me hacían esto? La oscuridad me envolvió. Pero, de repente, desperté. Era mi cama, mi casa en la Ciudad de México. Miré el calendario: 4 de mayo. El día antes de todo. No estaba muerta. Había regresado. Y esta vez, no permitiría que sucediera. Descubriría la verdad y limpiaría mi nombre, para luego cobrar la venganza.”
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