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Venganza De La Hermana

Capítulo 2 

Palabras:780    |    Actualizado en: 08/07/2025

nunca. Fui al baño y me miré en el espejo. Era yo, sin las heridas, sin la sangre, sin la humillación grabada en mi rostro. Pero mis ojos eran difere

cusación de abuso de mi propia hija, el desfalco inventado por mis padres. T

formaban parte de ello. ¿Pero por qué? La pregunta que

rado en pánico. Llamé a Carlos, él sugirió que un poco de sol y aire de mar le harían bien, que no canceláram

e filmado allí. Las acusaciones se hicieron allí. Si evitab

oz alta, la decisión resonando

arlos. Estaba en su estudio,

i voz. "Sofía Jr. tiene mucha fiebre. No creo que sea

e casi escuchar sus engranajes

una calentura. Dale un poco de paracetamol. El

amente. En mi vida anterior, su despreocupación me

ta. Voy a llevarla al Hospital Ángeles ahora m

ediatamente llamé a mis padres para informarle

tás segura? Ricardo y yo ya estábamos listos pa

tante que unas vacaciones pagadas

lpable. Estaba alter

sar a una niña inocente de esta manera? Mientras la sostenía en mis brazos, la miré de cerca, buscando cualquier

ue era una infección viral fuerte, nada grave, pero requería observación. Sentí una oleada de

a después. Sus rostros eran una mezc

ra nada", dijo Carlos,

sí que aquí nos quedaremos", respondí con fir

en que mi madre evitaba mis ojos. Antes no habría notado nada. Ahora, cada gesto

de Sofía Jr., fingiendo leer una revista, pero sin perder de vista a mi familia. Se sen

ra de Sofía Jr. de nuevo, sonreí por dentro.

hospital era silencioso, un santuario de calma. Por primera vez desd

la tormenta. Qué ingenua fui. La tormenta no se había disipad

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Venganza De La Hermana
Venganza De La Hermana
“Mi vida era una postal perfecta: un resort de lujo en Cancún, el sol, la música de mariachi, mi pequeña Sofía Jr. riendo en la piscina y mi esposo, Carlos, con esa sonrisa que me hizo creer en los cuentos de hadas. Todo parecía felicidad. Pero esa perfección se hizo añicos cuando Carlos subió al escenario, su sonrisa transformada en una mueca de dolor. Anunció que Sofía Vargas, o sea yo, era infiel. La pantalla gigante mostró un video granulado: una mujer inquietantemente parecida a mí en la cama con un desconocido. El murmullo de la multitud se convirtió en gritos y acusaciones. Para rematar la humillación, mi propia hija, Sofía Jr., se levantó la blusa, revelando horribles moretones y acusándome: "¡Mami es mala! ¡Mami me pega!". Luego, mi padre, Ricardo Vargas, sumó la traición empresarial: "Sofía ha estado robándonos durante años". Las acusaciones cayeron sobre mí como una lluvia de rocas: infidelidad, abuso infantil, desfalco. La gente me atacó, arañó y golpeó. Caí al suelo, viendo a mi familia observarme con un triunfo frío y calculado. No entendía. ¿Por qué me hacían esto? La oscuridad me envolvió. Pero, de repente, desperté. Era mi cama, mi casa en la Ciudad de México. Miré el calendario: 4 de mayo. El día antes de todo. No estaba muerta. Había regresado. Y esta vez, no permitiría que sucediera. Descubriría la verdad y limpiaría mi nombre, para luego cobrar la venganza.”
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