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Amor Marchito, Alma Liberada

Capítulo 3 

Palabras:1076    |    Actualizado en: 08/07/2025

llerizas, supervisando los preparativos para una charreada en honor a Elena y su "milagrosa" recuperación. Lo sabía porqu

eslicé el convenio. Un acuerdo de separación de bienes y disolución de compromiso, redactado por un abogado que contacté en secreto desde el telé

ldas, limpiando una silla de montar con

, mi voz plan

me de pie. "¿Qué haces aquí

e su escritorio de caoba. "Son los papeles para los toros de

le permitiría admitir que no entendía la mitad de lo que leía. Vio los logo

dijo, toman

Lo vi firmar página tras página. Cuando llegó a la del convenio, ni siquiera parpadeó

a hacia mí. "Ahora vuelve a la cama, Sofía. No

ado en mis manos, como el peso de mi li

ria del pueblo. Unos hombres borrachos comenzaron a molestarme. Mateo, sin dudarlo un segundo, se interpuso entre ellos y yo. No hubo violencia, solo su presenci

yo grité, asustada. Él me abrazó fuerte y no me soltó hasta que la tormen

or. Había confundido sus gestos de macho posesivo con amor verdade

r de plata. Era una cuestión de honor, no de corazón. Su corazón siempre le había pertenecido a Elena, a su juramento de la infancia, a esa obsesión enfermiza que lo había cegad

oña Carmen salió a mi encuentro. Su

era de la cama? Mate

necesitaba unos papel

ía, sé que estos días han sido difíciles. La pérdida de un h

e en mis labios. "Mateo tiene su propi

hizo a su padre en su lecho de muerte... de cuidarla siempre. Y ahora, después de lo que le pasó a esa pobre niña en Guadalajara,

a intocable de un hacendado poderoso, una princesa en su torre. Nadie se habría atrevido a hacerle algo

ia", dije, mi voz cu

er su honor. Pero Mateo sí. Por eso es tan... así con ella

manera, intentaba mantener unida a su fa

o agresiva. "Aprecio su preocupación. De ver

edulidad. "¿Qué dices, niña? ¡No puedes h

a mujer. Le pedí ayuda y me ignoró. Me trajo un collar para ese perro como si fuera un consuelo. Dígame, Doña Car

lo la fría y dura verdad. Doña Carmen se quedó sin palabras. Su rostro

dí, abriendo la puerta de

ariencias y tradiciones desmoronándose a su alrededor. Sostuve la carpeta contr

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Amor Marchito, Alma Liberada
Amor Marchito, Alma Liberada
“Siete años. Siete años de un infierno silencioso junto a Mateo, el hombre que me odiaba. Me culpaba por la muerte de su "luz de luna", Elena, y por la existencia de nuestro hijo, Carlitos, a quien veía como un fracaso viviente. Mi único respiro era la danza, un torbellino de color y zapateado donde podía ser Sofía. Hasta que una máquina del tiempo apareció, una locura que los ricos usaban para viajar a conciertos pasados. Pero para Mateo, consumido por la culpa, era una segunda oportunidad. Quería volver, salvar a Elena, enmendar su "error". Lo que él no sabía, es que yo también tenía un plan. Yo también viajé al pasado, no para salvar nuestro marchito amor, sino para liberarme de él para siempre. De vuelta en el día del derrumbe, vi a Mateo sonreír, su voz llena de la ternura que había olvidado. Era el Mateo de antes, el que una vez amé. Pero ahora, yo conocía el veneno detrás de esa sonrisa ranchera. El suelo tembló, el derrumbe comenzó de nuevo. Me preparé para el abandono. Esperé que corriera hacia Elena, como en mis pesadillas. Pero esta vez, algo cambió. "¡Sofía!", gritó al girar su caballo, no hacia ella, sino a mí. Me jaló bruscamente, buscando refugio. Mi corazón se detuvo. ¿Me estaba salvando a mí? Un rocón suelto me golpeó la pierna, un dolor agudo me hizo gritar. Elena chilló, atrapada. "¡Mateo, ayuda! ¡Me duele!". Él me miró, la duda cruzó su rostro. Pero la costumbre, el juramento infantil, ganó. Me soltó la mano. "¡No te muevas!", me ordenó, como si pudiera. Y corrió hacia ella. No había cambiado nada. La culpa, la suya, siempre sería la mía. Esa noche, con el tobillo entablillado, tomé una decisión. "Quiero terminar contigo, Mateo". Él se rió. No me tomaba en serio. Nunca lo hacía. Pero esta vez, sería diferente. Esta vez, yo no sería su carga. Esta vez, yo me salvaría a mí misma. Y usaría su arrogantísima ceguera a mi favor.”
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