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Amor Marchito, Alma Liberada

Capítulo 4 

Palabras:1133    |    Actualizado en: 08/07/2025

speración, debió contárselo todo a Mateo. Esa misma noche, él irrumpió en mi habitación. No llamó. S

a mi madre? ¿Que quieres terminar conmigo?"

nto a la ventana, mirando la luna

, respondí, mi

ndo la vista. "Estás haciendo un drama por nada. Ya te pedí disculpas

ntando finalmente la vista para encontrarme con la suya

r malagradecida que no aprecia todo lo que hago por ella! ¡Veo a u

con la razón. Cada palabra que yo decía, él

mbió. Una nueva furia, más

males, ¡Príncipe

confundida

e su cuarto estaba abierta. ¡Alguien la dejó abierta! ¡Y fuiste tú la úl

e esta habitación,

es, ¡y que luego dejaste la puerta abierta a propósito para que el perro

me quedé sin aliento. Ella ni siquiera se estaba esforzando por ser creíble. Sabía que

fui,

pre lo has estado! ¡No soportas que me preocupe por ella,

mentaban mi resolución. Me levanté, apoyándome en el s

quieras, Mateo.

e rabia y desprecio. Se acercó tanto que

so. "No habrá ninguna separación. No hasta que encuentres a ese perro. Vas a salir ahora mismo y

a, saboreando

aíste por andar de imprudente. Haré que tu nombre sea sinónimo de desgracia en toda la región. Nadie v

sión. Esto era pura maldad. Me estaba amenazando con la memoria de nuestro hijo muerto. Estaba usand

ro sorda, se agudizó. Por primera vez en días, las lágrimas amena

nada. Su pérdida era solo una herramienta,

porque vi en su propuesta una salida. Una salida dolorosa, humillante, pero una salida

mi voz apenas un su

a su lado. Él no se movió. Su mirada era triunfa

reno era irregular y cada paso era una tortura para mi tobillo lesionado. No tenía idea de dó

pe! ¡Prí

infructuosa cerca de la casa, mi instinto me llevó hacia un pequeño arroyo qu

é voces. Risas. Me escondí d

ena. Él la tenía abrazada por los hombros, y ella recostaba su cabeza en s

a voz que derretiría la piedra. "Encontraremos a tu perr

onmigo, Mateo. No como ella. Es tan frí

de un arrepentimiento que nunca me mostró a mí

cumpliendo su castigo, mientras él la consolaba, prometiéndole un futuro que me estaba robando. No

er. Me sentí completamente sola, abandonada en medio de la nada, con el eco de sus palabras resonando en

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Amor Marchito, Alma Liberada
Amor Marchito, Alma Liberada
“Siete años. Siete años de un infierno silencioso junto a Mateo, el hombre que me odiaba. Me culpaba por la muerte de su "luz de luna", Elena, y por la existencia de nuestro hijo, Carlitos, a quien veía como un fracaso viviente. Mi único respiro era la danza, un torbellino de color y zapateado donde podía ser Sofía. Hasta que una máquina del tiempo apareció, una locura que los ricos usaban para viajar a conciertos pasados. Pero para Mateo, consumido por la culpa, era una segunda oportunidad. Quería volver, salvar a Elena, enmendar su "error". Lo que él no sabía, es que yo también tenía un plan. Yo también viajé al pasado, no para salvar nuestro marchito amor, sino para liberarme de él para siempre. De vuelta en el día del derrumbe, vi a Mateo sonreír, su voz llena de la ternura que había olvidado. Era el Mateo de antes, el que una vez amé. Pero ahora, yo conocía el veneno detrás de esa sonrisa ranchera. El suelo tembló, el derrumbe comenzó de nuevo. Me preparé para el abandono. Esperé que corriera hacia Elena, como en mis pesadillas. Pero esta vez, algo cambió. "¡Sofía!", gritó al girar su caballo, no hacia ella, sino a mí. Me jaló bruscamente, buscando refugio. Mi corazón se detuvo. ¿Me estaba salvando a mí? Un rocón suelto me golpeó la pierna, un dolor agudo me hizo gritar. Elena chilló, atrapada. "¡Mateo, ayuda! ¡Me duele!". Él me miró, la duda cruzó su rostro. Pero la costumbre, el juramento infantil, ganó. Me soltó la mano. "¡No te muevas!", me ordenó, como si pudiera. Y corrió hacia ella. No había cambiado nada. La culpa, la suya, siempre sería la mía. Esa noche, con el tobillo entablillado, tomé una decisión. "Quiero terminar contigo, Mateo". Él se rió. No me tomaba en serio. Nunca lo hacía. Pero esta vez, sería diferente. Esta vez, yo no sería su carga. Esta vez, yo me salvaría a mí misma. Y usaría su arrogantísima ceguera a mi favor.”
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