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Amor Marchito, Alma Liberada

Capítulo 2 

Palabras:1039    |    Actualizado en: 08/07/2025

e calaba los huesos. Mateo entró sin tocar. No me miró a mí, sino a una jaula de viaje que traía

comer nada desde el susto de ayer", dijo Mateo, col

estómago. Se arrodilló, le ofreció agua en un plat

Todo está bien. Pa

e había preguntado cómo había pasado la noche. No había revisado mi vendaje. Su prioridad er

hielo para el tobillo?", le ped

Primero tengo que calmar a Príncipe.

primera línea de tiempo, perdí a mi bebé en el río. Ahora, sentía que algo andaba terriblemente mal de nuevo. Pero no quería discutir. No qu

casi una hora al perro de Elena, arrullándolo, dándole trocitos de jamón de su propio desayuno, que una sirvienta

", dijo, como si

s con una bolsa de hielo envuelta en una toalla. L

as", m

sigue Elena. Su padre está muy pre

é bajo las mantas, temblando. Sabía que necesitaba un médico, pero la idea de pedírselo a Mateo, de tener que justificar mi dolor frente

e. Un calambre brutal me dobló en dos. Sentí una humedad cálid

ng

orroso. El miedo, un miedo helado y visceral, me inundó. E

a habitación y marcar la recepción. Mi voz era u

con un rostro sombrío, mientras yo yacía inmóvil, sintiéndome vacía, hueca por d

o, Sofía. Ha pe

herida, un eco de un dolor que ya conocía demasiado bien. Esta vez no fue un r

resentimiento. A veces, cuando el niño reía demasiado fuerte o corría por la casa, Mateo lo miraba con un des

echazo de su padre. No crecería sintiéndose como un error. El pensamiento era monstruoso,

preocupación, la que se pone cuando uno cumple con una obligaci

pasó", dijo, evitando mi

espo

la mesita de noche. "Te traje a

quizás, solo quizás, la noticia lo había afectado. Que había co

, había un collar de perro. Pequeño, de c

leer la inscripc

sonrió, una sonrisa torpe, ajen

tan bien, pensé en darle un regalo. Pasé por la

ar a un perro mientras yo perdía a nuestro hijo a pocos metros de distancia. Miré

e morir. No quedó ni ceniza. Solo un vacío helado y una resolución de acero. Iba a salir de a

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Amor Marchito, Alma Liberada
Amor Marchito, Alma Liberada
“Siete años. Siete años de un infierno silencioso junto a Mateo, el hombre que me odiaba. Me culpaba por la muerte de su "luz de luna", Elena, y por la existencia de nuestro hijo, Carlitos, a quien veía como un fracaso viviente. Mi único respiro era la danza, un torbellino de color y zapateado donde podía ser Sofía. Hasta que una máquina del tiempo apareció, una locura que los ricos usaban para viajar a conciertos pasados. Pero para Mateo, consumido por la culpa, era una segunda oportunidad. Quería volver, salvar a Elena, enmendar su "error". Lo que él no sabía, es que yo también tenía un plan. Yo también viajé al pasado, no para salvar nuestro marchito amor, sino para liberarme de él para siempre. De vuelta en el día del derrumbe, vi a Mateo sonreír, su voz llena de la ternura que había olvidado. Era el Mateo de antes, el que una vez amé. Pero ahora, yo conocía el veneno detrás de esa sonrisa ranchera. El suelo tembló, el derrumbe comenzó de nuevo. Me preparé para el abandono. Esperé que corriera hacia Elena, como en mis pesadillas. Pero esta vez, algo cambió. "¡Sofía!", gritó al girar su caballo, no hacia ella, sino a mí. Me jaló bruscamente, buscando refugio. Mi corazón se detuvo. ¿Me estaba salvando a mí? Un rocón suelto me golpeó la pierna, un dolor agudo me hizo gritar. Elena chilló, atrapada. "¡Mateo, ayuda! ¡Me duele!". Él me miró, la duda cruzó su rostro. Pero la costumbre, el juramento infantil, ganó. Me soltó la mano. "¡No te muevas!", me ordenó, como si pudiera. Y corrió hacia ella. No había cambiado nada. La culpa, la suya, siempre sería la mía. Esa noche, con el tobillo entablillado, tomé una decisión. "Quiero terminar contigo, Mateo". Él se rió. No me tomaba en serio. Nunca lo hacía. Pero esta vez, sería diferente. Esta vez, yo no sería su carga. Esta vez, yo me salvaría a mí misma. Y usaría su arrogantísima ceguera a mi favor.”
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