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El Sabor Amargo del Engaño

Capítulo 4 

Palabras:640    |    Actualizado en: 07/07/2025

abía ni una sola foto de ellos juntos. Ni un solo objeto personal de él que no fuera parte del disfraz.

un hogar. Fue una estación de

adrino", forjados en Alemania, grabados con sus iniciales. Valían una fortuna, no solo en dinero, sino en valor sen

er. No podía d

ba casi vacío, solo quedaban algunos trabajadores limpiando. Su puesto estab

econoció a Carlos, un primo lejano de Mateo, un tipo vago

ntó Sofía, su voz sonando má

se giró, con una sonr

ió. La gallinita de los huevo

llos. ¿Dón

ios. "Mateo me dijo que podía venir a recoger lo que q

ndola de arriba a abajo. El olor a alcohol barato

arme," le advirtió,

acercándose más. "He oído que eres muy buena con las man

a reaccionar, Carlos la a

ame, i

il. Mateo ya se aburrió de t

su cintura, y fue entonces cuan

le habían dado una fuerza que Carlos no esperaba. Con un movimiento rápido y fluido, se zafó de s

n grito de sor

llave que había aprendido en un curso de defensa personal que tomó años atrás. Le presionó

blando de adrenalina y furia. "Ahora dime dónde est

a contra el metal y luchando

el coche de Mateo..

, y logró girar la cabeza lo su

ntere de esto, te

te. Sabía que había metido la pata, pero también parecía saber

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El Sabor Amargo del Engaño
El Sabor Amargo del Engaño
“"Lo perdí todo, Sofía. Todo." Su voz quebrada me desgarró el alma. Sin dudarlo, dejé mi sueño culinario atrás y puse mi talento de chef dos estrellas Michelin al servicio de su "recuperación", abriendo un humilde puesto de tacos. Trabajé jornadas extenuantes, con las manos quemadas y el cuerpo agotado, mientras él justificaba sus ausencias con "reuniones" y "socios" que nunca aparecían. Le entregaba cada peso ganado con sudor y grasa, creyendo que salíamos adelante juntos, que reconstruíamos nuestro futuro. Hasta que, el día más concurrido en el mercado, escuché la risa de Mateo, clara y sin rastro de desesperación, en el celular de un cliente. "Claro que es divertido, Vanessa. La vida es para disfrutarla, ¿no crees?" Vanessa. Su ex, la que siempre me miró por encima del hombro. ¿Qué hacía Mateo con ella, en una fiesta de lujo, cuando se suponía que estaba en una aburrida reunión de abogados? La imagen en la pantalla me congeló: Mateo, impecable, riendo con Vanessa, con la vista de toda la ciudad a sus pies. Y entonces, las palabras de Vanessa me golpearon como un balde de agua helada: "¿Y tu noviecita la taquera? ¿Sigue sudando la gota gorda para pagarte tus lujos?" "Por supuesto," respondió Mateo, y su risa ahora era cruel y repulsiva. "Sigue ahí, en su puesto mugroso, creyendo que soy un pobrecito en la ruina. A veces hasta me da un poco de asco el olor a grasa con el que llega al departamento." Mi mundo se hizo añicos. Él sabía que yo. Sufrí por él. Me humillé por él. ¡Pero él! Él solo se burlaba de mí. Todo era una farsa. Su quiebra, su amor, su desesperación. ¡Todo era una mentira! Cómo pude ser tan estúpida. Cómo pude sacrificarlo todo por un hombre que solo me veía como un cajero automático con olor a grasa. La rabia me invadió, fría y cortante, silenciando el dolor. Apagué la plancha. Vacié las salsas al bote de basura. "Sí. Cerrado para siempre." Me quité el delantal, lo tiré al suelo y me marché. Mi vida, mi carrera, mi dignidad... todo lo había entregado por nada. Con cada paso, la humillación me quemaba por dentro. El dolor se transformó en una furia. "Te vas a arrepentir de esto," le juro. "No de haberme mentido. No de haberme robado. Te vas a arrepentir de haberme despreciado."”
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