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El Último Aliento del Amor Perdido

Capítulo 2 

Palabras:947    |    Actualizado en: 07/07/2025

te. El dolor agudo en mi vientre, la llamada frenética a Ricardo que se fue directo a buzón. Cond

etra temblorosa, y cuando la enfermera preguntó por el padre, s

se había detenido, me senté en la cama de la habitación, mirando la pared blanca. Intenté llamar a Ri

stoy en medio de una reuni

voz se rompió.

línea. No fue un silencio de shock o

s sea lo mejor. Con Mateo tan difícil últimamente, otro pr

co

uestro hijo no nato. Fue la última chispa de esperanza, la última pizca de a

ado. Ya no buscaría la paz, ni intentaría arreglar las

nte, en un extraño acto de autodefensa, viajó muy lejos en el

itectura, siempre rodeada de planos y libros. Él era... todo lo contrario. Se decía que era de una familia ri

a de al lado, hablando en voz alta, riendo. Yo les lancé una mirada de fastidio, pidiendo silencio con

esa?", dijo, su voz

ra graznar como guacamayos", respondí, sin apartar l

ra una persecución en toda regla. Aparecía en la cafetería con un café para mí

a llevarme en su coche deportivo, oferta que yo ig

asi infantil; yo, con mi resistencia fría y estudi

i. Y no está nada mal, además d

rte de mí, una muy pequeña y secreta, se sen

. Había pasado tres días sin apenas dormir, sobreviviendo a base de café y la presión de mantener mi beca

de unos arbustos. Me rodearon, pidiéndome la cartera y el celular. Esta

No dijo nada. Simplemente se paró entre los asaltantes y yo. Hubo un forcejeo, gritos, el sonido de un golpe. Cuand

arrogancia en sus ojos. Vi preocup

", preguntó,

orando, no tanto por el susto, sino por el peso de todo. Él se arrodilló a mi lado, torpemente me puso su chaqueta sobre

aja. "Yo te cuido. No voy

mantenido cerrado con tanto celo, se abrió de par en par para él. Sentí que bajo

probable, comenzó. Una historia que ahora, recordada desde

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El Último Aliento del Amor Perdido
El Último Aliento del Amor Perdido
“Llevábamos ocho años casados, y yo, Sofía, había perfeccionado el arte de sonreír mientras mi interior se desmoronaba. Él conducía, con una mano en el volante y la otra revisando mensajes. "Quiero el divorcio". La risa seca de Ricardo llenó el auto, desestimando mis palabras como "uno más de mis dramas". Justo entonces, su teléfono vibró, mostrando un nombre que lo iluminó todo: "Paloma". La voz joven y temblorosa de su secretaria, llena de lágrimas, salió por el altavoz. "Ricardo, mi amor, lo siento tanto... No quería que Sofía se enterara así... ¿Está muy enojada? Por favor, contéstame, estoy muy asustada". La disculpa no era disculpa; era una estaca en el corazón de mi matrimonio, expuesta públicamente. En casa, un collar de diamantes, frío y ostentoso, fue su patético intento de comprar mi silencio. Luego, la discusión: "Es por Paloma, ¿verdad? Es una niña, no significa nada", me espetó. La mención de mi hijo, Mateo, fue un golpe bajo, seguida de su cruel: "¿O qué? ¿Te vas a ir? No tienes a nadie. Tu carrera de arquitecta la dejaste tirada por ser mi esposa". Mi silencio se rompió: "Hace tres semanas tuve un aborto espontáneo". Su arrogancia se derrumbó: "Estaba sola en el hospital, mientras tú estabas en un 'viaje de negocios' con ella. Así que sí, he estado un poco ocupada perdiendo a nuestro segundo hijo. Sola". El silencio de Ricardo no fue de shock, sino de cálculo. "Quizás sea lo mejor. Con Mateo tan difícil, otro problema ahora no nos conviene", dijo. En ese instante, algo dentro de mí murió para siempre: la última chispa de esperanza, el último amor por él. Mi corazón se cerró, como una puerta de acero. Un suspiro amargo me devolvió a la sórdida realidad del hospital. Luego, lo vi en la clínica: Ricardo, con su amante, actuando su farsa. Su preocupación fingida por mí, su devoción absoluta por ella. "No necesito que te encargues de nada", dije, mi voz tranquila pero inquebrantable. "Y no voy a ver al médico de tu familia. Voy a ir a mi propio lugar, a mi refugio". "¿Qué refugio?", gritó a mi espalda, su voz cargada de ira posesiva. "¿A dónde crees que vas?". No respondí. Sentí el inicio de la libertad.”
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