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El Último Aliento del Amor Perdido

Capítulo 1 

Palabras:895    |    Actualizado en: 07/07/2025

o con el perfume caro de los invitados y el eco de las r

ía, había perfeccionado el arte de sonr

o mensajes en su celular, completamente ajeno a la tormenta q

rato con los inversionistas asiáticos", dijo él

ño acto de rebelión. Mis manos, quietas sobre mi regazo, no temblaban. Mi corazón, por p

car

l tanto esperaba. Levantó la vista del celular, frunciendo l

el div

ía escuchado. Luego, soltó una risa corta y seca, una risa qu

ado. Ha sido un día larguísim

a, Ricardo. Es

ica. Él, Ricardo, el exitoso empresario al que nadie le decía que no, estaba sie

amada, era la vibración insistente de mensajes. Pero entonces, una llama

, y contestó, poniendo el altavoz c

altavoces era joven, temb

a que Sofía se enterara así... ¿Está muy enoja

disculpa, sino una estaca más en el corazón de nuestro matrimonio. La mir

día masticar. Pude escuchar sus susurros apr

a nada. Yo lo arreglo. M

diera borrar lo que acabábamos de escuchar. E

ía,

mi voz seguía siendo un témpano

a comprado se sentía más fría y vacía que nunc

Tengo alg

ó y dentro había un collar de diamantes, ostentoso, frío, si

ya sabes. Para que vea

Solo un vacío inmenso, la confirmación final de que el hombre

", dije, y se

, la discusión inevitable estall

¿Otra casa? Todo esto del divorcio es por Pal

raicionaste. Que ro

tenido. ¿Y Mateo? ¿Has pensado en nuestro hijo? Últimamente está muy raro, muy introverti

bía que su familia, especialmente su madre, llevaba tiem

teo", le advertí, mi calma

u carrera de arquitecta la dejaste tirada por ser mi

e detuve frente a él, lo miré directamente a los ojos, y dejé caer la bomba que había guard

He estado distraída. H

frutando de la conf

nas tuve un abo

ncia se desvaneció, reemplazada

'viaje de negocios' con ella. Así que sí, he estado u

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El Último Aliento del Amor Perdido
El Último Aliento del Amor Perdido
“Llevábamos ocho años casados, y yo, Sofía, había perfeccionado el arte de sonreír mientras mi interior se desmoronaba. Él conducía, con una mano en el volante y la otra revisando mensajes. "Quiero el divorcio". La risa seca de Ricardo llenó el auto, desestimando mis palabras como "uno más de mis dramas". Justo entonces, su teléfono vibró, mostrando un nombre que lo iluminó todo: "Paloma". La voz joven y temblorosa de su secretaria, llena de lágrimas, salió por el altavoz. "Ricardo, mi amor, lo siento tanto... No quería que Sofía se enterara así... ¿Está muy enojada? Por favor, contéstame, estoy muy asustada". La disculpa no era disculpa; era una estaca en el corazón de mi matrimonio, expuesta públicamente. En casa, un collar de diamantes, frío y ostentoso, fue su patético intento de comprar mi silencio. Luego, la discusión: "Es por Paloma, ¿verdad? Es una niña, no significa nada", me espetó. La mención de mi hijo, Mateo, fue un golpe bajo, seguida de su cruel: "¿O qué? ¿Te vas a ir? No tienes a nadie. Tu carrera de arquitecta la dejaste tirada por ser mi esposa". Mi silencio se rompió: "Hace tres semanas tuve un aborto espontáneo". Su arrogancia se derrumbó: "Estaba sola en el hospital, mientras tú estabas en un 'viaje de negocios' con ella. Así que sí, he estado un poco ocupada perdiendo a nuestro segundo hijo. Sola". El silencio de Ricardo no fue de shock, sino de cálculo. "Quizás sea lo mejor. Con Mateo tan difícil, otro problema ahora no nos conviene", dijo. En ese instante, algo dentro de mí murió para siempre: la última chispa de esperanza, el último amor por él. Mi corazón se cerró, como una puerta de acero. Un suspiro amargo me devolvió a la sórdida realidad del hospital. Luego, lo vi en la clínica: Ricardo, con su amante, actuando su farsa. Su preocupación fingida por mí, su devoción absoluta por ella. "No necesito que te encargues de nada", dije, mi voz tranquila pero inquebrantable. "Y no voy a ver al médico de tu familia. Voy a ir a mi propio lugar, a mi refugio". "¿Qué refugio?", gritó a mi espalda, su voz cargada de ira posesiva. "¿A dónde crees que vas?". No respondí. Sentí el inicio de la libertad.”
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