icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Herencia Oculta: Mi Dulce Venganza

Capítulo 3 

Palabras:887    |    Actualizado en: 07/07/2025

mos en su oficina, un espacio moderno lleno de libros de leyes y un ligero olor

rato de por medio", dijo Arturo, sin rodeos. Él era un viejo amigo de l

ital de operación, todo había salido de mi cuenta bancaria. Tenía las transferencias, los estados de cuenta, los correos electrónicos donde disc

. "No podrá sacar un peso hasta que esto se resuelva. La vamos

bros. Había una salida. No era li

. "Inicia el pro

e la cena en "Fuego Lento", recibí una llamada de un númer

o! ¡Me congelaron las cuentas! ¿Q

í", respondí con calma, mientras le hacía una seña a

sto! ¡Este restaurant

n 'restaurancito'. Ahora que no puedes usar su dinero

otro lado de la líne

e salgas con la tuya", amenazó.

ue no era una

rar, agotado. Una camioneta de lujo se detuvo bruscamente frente a mí, y de ella bajó

mbloroso adornado con un enorme anillo de

calle se detuvo a mirar. El

una escena", le pedí, tratan

la vida a mi hija! Después de todo lo que ella ha hecho por ti,

ro, diseñadas para herir, p

uestra relación, señora"

uerías acercarte a nuestra familia, a nuestro dinero. Pero te salió

momento sentí ganas de reír. Ellos, que vivían obsesionados con el din

ía despreciado durante una década, y por primera vez no s

ara que los curiosos que nos rodeaban escucharan bien. "Sofía no puso un solo peso. Solo pu

muerto de hambre, un don nadie. Mi hija es una Del Valle. No vamo

n en su círculo para la gente de servicio, para los que no tenían

iberación. Ya no había nada que salvar, n

", le dije, dándole la espald

lla, de sus gritos, de su veneno.

ardo! ¡Nadie te va a querer! ¡Vas a

razón, en medio de ese escándalo callejero, me sentí más fuerte y más seguro de mí mismo que nunca. El alivio de no tener que volv

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Herencia Oculta: Mi Dulce Venganza
Herencia Oculta: Mi Dulce Venganza
“El aroma a romero y a carne asada llenaba la enorme casa de los Del Valle, donde, como cada mes, soportaba la cena familiar por el amor de Sofía, mi novia desde hacía diez años, mi futura esposa. La sonrisa engreída de Eduardo, su primo, y las palabras despectivas de su tía, me hacían sentir como un empleado, un "gatito" sin importancia. Mi restaurante, Fuego Lento, mi pasión, mi esfuerzo de años, que tontamente puse a nombre de Sofía como prueba de amor y confianza antes de la boda, era solo un "restaurancito" que podía ser usado como banco personal para el vago de su primo. Mi mundo se detuvo cuando vi a Eduardo tocar a Sofía de una forma inaceptablemente íntima, y ella no se apartó, incluso se inclinó hacia él, revelando la farsa. "No hay detalles de qué hablar", les dije, "se cancela la boda", mi voz extrañamente tranquila, mientras diez años de humillaciones se desmoronaban. Marqué el número de mi abogado, Arturo. "Arturo, soy Ricardo. Necesito verte mañana a primera hora. Es sobre el restaurante... y todo lo demás". Sofía, furiosa, me confrontó en mi departamento, minimizando sus acciones, llamándome infantil por querer terminar. "¿Estás loco?", se rio. "¿Devolverte el restaurante? ¡Ni en tus sueños, Ricardo! Legalmente es mío. Me lo regalaste". La rabia se transformó en una calma helada, una claridad absoluta: el fin era este, y yo iba a recuperar cada centavo. "Te veré en los tribunales, Sofía". Para mi sorpresa, el enigmático Armando Morales, dueño de Hoteles Grand Lux, me defendió de las provocaciones de Eduardo, revelando un secreto que cambiaría todo: "Les presento a mi hijo. Ricardo Morales-Castañeda. Heredero principal de la cadena de Hoteles Grand Lux". Sofía, al ver su error, balbuceó: "Ricky... yo no sabía...". "Ese es el punto, Sofía", le dije, "tú no sabías. Y me juzgaste con la información que tenías. Y eso es todo lo que necesito saber". Recuperé mi restaurante, pero la verdad aún era más retorcida: Sofía y Eduardo eran amantes, y ella estaba embarazada. Acorralada por su familia para casarse con él. "¡Te vas a casar con tu primo la próxima semana! No vamos a permitir que un bastardo sin apellido manche el nombre de esta familia". A un paso de la locura, Sofía se derrumbó. La miré, una figura rota por sus propias decisiones. Mi antigua vida quedó atrás cuando le di a Sofía los medios para escapar, una tarjeta con el número de una abogada y las llaves de mi viejo coche, un último vestigio de humanidad. "Gracias. Soy libre", rezaba una postal de Oaxaca, el eco del alma de Sofía.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10