icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

En El Infierno Digital

Capítulo 4 

Palabras:883    |    Actualizado en: 07/07/2025

o había funcionado del todo, la impostora a mi lado solo me había ofrecido una botel

coche giró hacia el centro de la ciudad y se d

Tengo que recoger unos documentos

rotestar, él ya estaba fuera del coche

na de las mesas de afuera, con una taza

mejor amig

ntes que Miguel, y fue él quien iba a recibirlo cuando cruzara. Después de la desaparición de Miguel, Ricardo me ay

o, no podía ser una coincidencia

xpresión cambió de la sorpresa al reconocimiento, y luego a la pr

su rostro se contrajo en una mueca de... ¿reconocimiento? ¿O era ira? Fue tan rápido q

ahí", dijo ella, su v

los de Ricardo, tratando de transmitirle toda mi desesperación. Mov

levanté dos dedos, y luego los bajé, señalando a la mujer a mi la

. Dejó el periódico sobre la mesa y se levantó, caminando hacia el

lta, acercándose a mi ventanilla. "¡Cuá

ventanilla, manteniendo

Sofía y yo íbamos de camino

quería saludar. Oye, Sofía, ¿te acuerdas de aquella vez que Miguel intentó arreglar la bici

s tres sabíamos los detalles. Era su forma de dec

gundo? Es que mi coche no arranca y veo que su esposo sabe de mecánica", dijo, se

y Ricardo lo interceptó, llevándoselo hacia un co

laramente molesta por el retra

i mom

o bien", le dije a la i

vas de aqu

, y sin esperar su respuesta, a

o y el falso David estuvieran a solo unos metros, mirándonos, la fr

es, con una sonrisa forzada e

n latiendo con fuerza. Me sentí

surré en cuanto

de sonreír como si estuviéramos charlando amistosamen

Thompson. Y Miguel... me mandó un m

ra enseñárselo, para

i teléfono vibró. Un nuevo m

orosas, Ricardo mirando

NO CONFÍES EN ÉL.

fono, confundida y aterro

ía desaparecid

mirada que nunca le había visto antes. La misma mirada v

instante,

jaula directamente

Obtenga su bonus en la App

Abrir
En El Infierno Digital
En El Infierno Digital
“El aire en mi cuarto de Los Ángeles se sentía pesado, mientras estudiaba para el examen de ciudadanía, el que me abriría las puertas a un futuro prometedor. Pero un mensaje inesperado rompió la rutina: "Sofía, soy yo, Miguel. No vayas al examen. No confíes en ellos. Peligro". La incredulidad me invadió; mi hermano mayor, desaparecido hace tres años, al que todos daban por muerto, ¿vivo? Los Thompson, mis amables padres adoptivos, de repente se transformaron. Ya no eran ellos. Sus ojos, sus gestos, revelaban una farsa macabra, y mi mundo se volcó de cabeza. "No estoy loca", me repetía, mientras el terror y la rabia me consumían. Los mensajes de Miguel desaparecieron de mi teléfono, y un supuesto "psicólogo" intentó convencerme de que todo era una alucinación, un trauma de mi mente. Me arrastraron a la fuerza, bajo la mirada de policías y de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, quien ahora era cómplice de esta locura. Justo cuando creí entender la verdad, otro mensaje de Miguel me dejó helada: "SALTA AHORA". "Esto no es real. Estás en un sueño". Con un acto de fe desgarrador, salté al vacío, despertando en un laboratorio junto a Miguel, quien me reveló que habíamos estado en coma por tres años, víctimas de los experimentos de Ricardo. Pero la liberación duró poco. Una simple prueba, una historia inventada sobre un perro llamado Canelo, expuso la más cruel de las verdades: la simulación no había terminado. "Nunca hubo un perro llamado Canelo. Nos inventamos esa historia, Miguel y yo, para que nuestros padres no supieran que usábamos el dinero del pan para comprar cómics. Era nuestro secreto. Un secreto que solo nosotros dos conocíamos". Con la ayuda del verdadero Miguel, quien había hackeado el sistema desde dentro, destruí la prisión digital de Ricardo, liberándome finalmente de la pesadilla.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10