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En El Infierno Digital

Capítulo 2 

Palabras:881    |    Actualizado en: 07/07/2025

l me pareció un grito en el silencio de la casa. Mi corazón martilleaba contra mis costillas

me cargaba en sus hombros, y los dos reíamos a carcajadas, con el sol pegándonos en la cara. Él me la había dado

lo h

ás haciendo? ¡Vam

esde el pie de la escalera,

o parecía más lejano de lo que rec

é, esperando gan

la puerta de mi cuarto se abrió con u

uesto por la furia. Su máscara de madre

endo?", siseó, sus ojos fi

brazo con una fuerza que me sorprendió, una fuerza que no correspond

grité, trata

uel se cayó de mi bolsillo y a

presión cambió de la ira a una especie de repulsió

voz temblorosa, "¡te dije

ego en cuatro. La hizo trizas con una furia descontrolada, sus ma

ntiendo un dolor

mó. Se levantó, se alisó la falda y respiró hondo.

lce. "Me alteré. Es que me preocupo tanto por ti. Todo esto de tu h

suaves, pero su agarre seguía siendo f

e momento

equeño tatuaje. Era un diseño extraño, casi como un código de barras en minia

edé h

os. La he visto usar vestidos de manga corta, pu

iene ning

era posible. Estaba ahí, claro como el día. Un detalle pequeño, insignificante par

rmó los papeles, la que me preparó el desayu

o cabello rubio. Pero ahora, viéndola de cerca, algo estaba mal. Sus movimientos eran un poco rígi

pensé, y el terror me recorri

sa que se parecía a

resonó en mi cabeza:

n, mi mirada fija en su muñeca. Su sonrisa se de

tonterías y vístete. No vas a arruinar todo por un berrinche infantil.

, su control volviéndose m

a, pero también había algo más: una determinación fría. Tenía

, tenía que seg

ngiendo sumisión. "Lo siento. Estaba nervio

sus ojos entrecerrados, evaluando mi sin

un tono condescendiente. "

uedé sola, temblando, con los pedazos de la foto de mi he

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En El Infierno Digital
“El aire en mi cuarto de Los Ángeles se sentía pesado, mientras estudiaba para el examen de ciudadanía, el que me abriría las puertas a un futuro prometedor. Pero un mensaje inesperado rompió la rutina: "Sofía, soy yo, Miguel. No vayas al examen. No confíes en ellos. Peligro". La incredulidad me invadió; mi hermano mayor, desaparecido hace tres años, al que todos daban por muerto, ¿vivo? Los Thompson, mis amables padres adoptivos, de repente se transformaron. Ya no eran ellos. Sus ojos, sus gestos, revelaban una farsa macabra, y mi mundo se volcó de cabeza. "No estoy loca", me repetía, mientras el terror y la rabia me consumían. Los mensajes de Miguel desaparecieron de mi teléfono, y un supuesto "psicólogo" intentó convencerme de que todo era una alucinación, un trauma de mi mente. Me arrastraron a la fuerza, bajo la mirada de policías y de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, quien ahora era cómplice de esta locura. Justo cuando creí entender la verdad, otro mensaje de Miguel me dejó helada: "SALTA AHORA". "Esto no es real. Estás en un sueño". Con un acto de fe desgarrador, salté al vacío, despertando en un laboratorio junto a Miguel, quien me reveló que habíamos estado en coma por tres años, víctimas de los experimentos de Ricardo. Pero la liberación duró poco. Una simple prueba, una historia inventada sobre un perro llamado Canelo, expuso la más cruel de las verdades: la simulación no había terminado. "Nunca hubo un perro llamado Canelo. Nos inventamos esa historia, Miguel y yo, para que nuestros padres no supieran que usábamos el dinero del pan para comprar cómics. Era nuestro secreto. Un secreto que solo nosotros dos conocíamos". Con la ayuda del verdadero Miguel, quien había hackeado el sistema desde dentro, destruí la prisión digital de Ricardo, liberándome finalmente de la pesadilla.”
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