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En El Infierno Digital

Capítulo 3 

Palabras:758    |    Actualizado en: 07/07/2025

de la blusa que la falsa Martha me había dejado sobre la cama. Cada prenda se sentía como un disfraz, una

e pie junto a la puerta. Estaba vestido con un traje gris, su portafo

oz con un tono de reproche amabl

dora, paternal. Pero ahora, a la luz de mi descubrimiento, la ex

r Martha apareció a su lado, toman

pequeño ataque de nervios, pero

ncio, sin atre

uerta, lo vi. Fue un gesto simple, se

por segunda vez en

uierda, comía con la izquierda, lanzaba una pelota con la izquierda.

gesto torpe, no natural. Y su reloj, el caro reloj suizo que nunca se quitaba, estaba en la muñec

o

odía

d a la falsa Martha. Los dos. Ambos eran impostores. ¿Desd

ue me dejó sin aliento. ¿Les había pasado lo mismo que a Mi

so David, su sonrisa empezando a parece

sa Martha rápidamente, su voz como un látigo.

no eran gentiles. Eran firmes, como los de dos guardias escoltando a un prision

duda. Esta

entras que el falso David se puso al volante. Las puertas se cerraron con

por la ventanilla, el tranquilo vecindario suburbano ahora parecía una pr

se puso e

jo el falso David, mirándome por el espejo retrovisor. "E

ble, pero sus ojos en el ref

¿Por qué? ¿Qué querían de mí? ¿Por qué era tan

i propio papel. "Estoy un

El seguro de mi puerta. La manija. ¿Podría abrirla y saltar en un semáforo? Probableme

e estaba llena de gente, coches, vida. A solo unos centímetros de mí, del

ora o

, dije de repente, llevá

ceño, una mezcla de moles

o, Sofía. Ya

e", insistí, mi voz sonan

ta. Una apues

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En El Infierno Digital
“El aire en mi cuarto de Los Ángeles se sentía pesado, mientras estudiaba para el examen de ciudadanía, el que me abriría las puertas a un futuro prometedor. Pero un mensaje inesperado rompió la rutina: "Sofía, soy yo, Miguel. No vayas al examen. No confíes en ellos. Peligro". La incredulidad me invadió; mi hermano mayor, desaparecido hace tres años, al que todos daban por muerto, ¿vivo? Los Thompson, mis amables padres adoptivos, de repente se transformaron. Ya no eran ellos. Sus ojos, sus gestos, revelaban una farsa macabra, y mi mundo se volcó de cabeza. "No estoy loca", me repetía, mientras el terror y la rabia me consumían. Los mensajes de Miguel desaparecieron de mi teléfono, y un supuesto "psicólogo" intentó convencerme de que todo era una alucinación, un trauma de mi mente. Me arrastraron a la fuerza, bajo la mirada de policías y de Ricardo, el mejor amigo de Miguel, quien ahora era cómplice de esta locura. Justo cuando creí entender la verdad, otro mensaje de Miguel me dejó helada: "SALTA AHORA". "Esto no es real. Estás en un sueño". Con un acto de fe desgarrador, salté al vacío, despertando en un laboratorio junto a Miguel, quien me reveló que habíamos estado en coma por tres años, víctimas de los experimentos de Ricardo. Pero la liberación duró poco. Una simple prueba, una historia inventada sobre un perro llamado Canelo, expuso la más cruel de las verdades: la simulación no había terminado. "Nunca hubo un perro llamado Canelo. Nos inventamos esa historia, Miguel y yo, para que nuestros padres no supieran que usábamos el dinero del pan para comprar cómics. Era nuestro secreto. Un secreto que solo nosotros dos conocíamos". Con la ayuda del verdadero Miguel, quien había hackeado el sistema desde dentro, destruí la prisión digital de Ricardo, liberándome finalmente de la pesadilla.”
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