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El Regreso de la Abogada

Capítulo 3 

Palabras:525    |    Actualizado en: 04/07/2025

er algo pequeño en casa para recordarlo. Puse su foto favorita en la mesita de la sala, junto a una v

Justo en ese momento, su teléfono sonó con un tono distintivo que yo ya

para contestar, dándome la espalda. Pude escuchar fragmentos de su conversación, su voz llena de u

n la sala, ya con las lla

, anunció, sin mi

je, señalando la foto de mi padre.

encia, como si mi dol

da." Luego, pronunció las palabras que sellaron su destino en mi mente. "Tu p

que por un momento no pude respirar. Pisotear la memoria de mi padre para

mente, y por primera vez en mucho tiempo,

la. Al fin y al cabo, es tu responsabilidad." Hice una pausa y añadí,

alta de histeria. Esperaba lágrim

como si la víctima fuera él. "¡Intentas hacer

ar la vista de él. "No intento na

. Su egoísmo lo había cegado por completo. Agarró

con tus muertos! ¡Yo

o abrí mi laptop sobre la mesita de centro. En la pantalla estaba el borrador de una demanda. Con dedos firmes y precisos, comencé a escribir, añ

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El Regreso de la Abogada
El Regreso de la Abogada
“Estaba en el balcón de mi departamento en la Ciudad de México, viendo el atardecer que teñía el cielo de promesas. Subí la foto a mis redes con una sola palabra: "Paz". Mi esposo, Miguel, llamó al instante. Su voz, áspera y urgente, me exigió saber dónde estaba. "¿Qué pasa?", pregunté, confundida. Su respuesta fue un grito lleno de reproche: "¡Pasa que Sofía me necesita! Su coche se descompuso en Periférico y tú subiendo fotos de atardeceres." Sentí una punzada fría. Sofía, mi "mejor amiga", la eterna sombra de mi matrimonio. Miguel, una vez más, priorizaba su "rescate" sobre mi cansancio. "Ella es adulta, Miguel. Yo acabo de llegar de trabajar", le recordé. Su volumen subió, cegado por su "caballeresca" devoción: "¡Ese es tu problema! ¡Nunca entiendes! Ella no es como tú, no tiene a nadie. ¡Yo soy lo único que tiene!" Cortó la llamada, dejándome con el eco de sus palabras injustas. El teléfono, frío y pesado, reflejaba la imagen de una mujer agotada de excusas y falsas comprensiones. Algo dentro de mí se rompió. No había más que comprender, ni más que perdonar. Mi dolor se transformó en una calma helada. Con dedos firmes, abrí mis contactos. Era hora de que Elena Rojas, la abogada, defendiera a su cliente más importante: a sí misma.”
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