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El Regreso de la Abogada

Capítulo 2 

Palabras:557    |    Actualizado en: 04/07/2025

la discusión de la noche anterior nunca hubiera existido.

Perdona por lo de anoch

una calma artificial, diseñada para que yo bajara la guardia y todo volviera a la normali

la mesa del comedor, jug

y creo que tengo una solución para

esperando

uro. Le está afectando mucho su salud mental.

raganto co

departamento?", r

minoso. Y nosotros podríamos mudarnos a un lugar más pequeño por un tiempo. Piensa en ello como una inversión en su bienestar. Y

sión como un acto de caridad y mi resistencia como egoísmo. Quería despojarme de m

bre la mesa con

N

ue lo descolocó por completo. Parpadeó,

o que

uestra casa, Miguel.

de amabilidad se desvaneció y fue re

adie más que tú misma! ¿No recuerdas cuando Sofía perdió su trabajo? ¡Tú ni siquiera le llamaste! ¡Tuve que

rde, Miguel me dijo que ella no quería hablar conmigo porque mi "éxito profesional

ña devoción. "Ella es sensible, es frágil. El mundo la ha tratado muy mal. Ella me necesita

tomado. Él vivía en una realidad paralela donde era el caballero andante de una damisela en apuros, y yo era la villana i

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El Regreso de la Abogada
El Regreso de la Abogada
“Estaba en el balcón de mi departamento en la Ciudad de México, viendo el atardecer que teñía el cielo de promesas. Subí la foto a mis redes con una sola palabra: "Paz". Mi esposo, Miguel, llamó al instante. Su voz, áspera y urgente, me exigió saber dónde estaba. "¿Qué pasa?", pregunté, confundida. Su respuesta fue un grito lleno de reproche: "¡Pasa que Sofía me necesita! Su coche se descompuso en Periférico y tú subiendo fotos de atardeceres." Sentí una punzada fría. Sofía, mi "mejor amiga", la eterna sombra de mi matrimonio. Miguel, una vez más, priorizaba su "rescate" sobre mi cansancio. "Ella es adulta, Miguel. Yo acabo de llegar de trabajar", le recordé. Su volumen subió, cegado por su "caballeresca" devoción: "¡Ese es tu problema! ¡Nunca entiendes! Ella no es como tú, no tiene a nadie. ¡Yo soy lo único que tiene!" Cortó la llamada, dejándome con el eco de sus palabras injustas. El teléfono, frío y pesado, reflejaba la imagen de una mujer agotada de excusas y falsas comprensiones. Algo dentro de mí se rompió. No había más que comprender, ni más que perdonar. Mi dolor se transformó en una calma helada. Con dedos firmes, abrí mis contactos. Era hora de que Elena Rojas, la abogada, defendiera a su cliente más importante: a sí misma.”
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