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El Regreso de la Abogada

Capítulo 4 

Palabras:475    |    Actualizado en: 04/07/2025

eparaba, afilaba mi mente. Pero mi proyecto principal se llevaba a cabo en secreto, después de horas, en la soledad de

e habíamos hecho juntos, la analicé con la frialdad de un cirujano. Mi objetivo no era la venganza, era la justicia. Quería r

una de las zonas comerciales más exclusivas de Polanco. Mientras esperaba mi pedido, mis

na sonrisa coqueta. Miguel, el mismo hombre que me había dicho el mes pasado que "teníamos que apretarnos el c

ostraba. Vi cómo Miguel se lo ponía a Sofía alrededor del cuello con una familiaridad íntima que me revolvió el estómago. Ella se miró en un espejo de m

en que compráramos el modelo más barato y ruidoso porque "no había presupuesto para lujos". Recordé nuestro tercer aniversario, cuando

a, sin pestañear. No era por falta de dinero. Nunca lo fue. Era una c

e en mi pecho. Tomé una foto con mi celular, una imagen clara de ellos dos, sonrientes, con el collar

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El Regreso de la Abogada
El Regreso de la Abogada
“Estaba en el balcón de mi departamento en la Ciudad de México, viendo el atardecer que teñía el cielo de promesas. Subí la foto a mis redes con una sola palabra: "Paz". Mi esposo, Miguel, llamó al instante. Su voz, áspera y urgente, me exigió saber dónde estaba. "¿Qué pasa?", pregunté, confundida. Su respuesta fue un grito lleno de reproche: "¡Pasa que Sofía me necesita! Su coche se descompuso en Periférico y tú subiendo fotos de atardeceres." Sentí una punzada fría. Sofía, mi "mejor amiga", la eterna sombra de mi matrimonio. Miguel, una vez más, priorizaba su "rescate" sobre mi cansancio. "Ella es adulta, Miguel. Yo acabo de llegar de trabajar", le recordé. Su volumen subió, cegado por su "caballeresca" devoción: "¡Ese es tu problema! ¡Nunca entiendes! Ella no es como tú, no tiene a nadie. ¡Yo soy lo único que tiene!" Cortó la llamada, dejándome con el eco de sus palabras injustas. El teléfono, frío y pesado, reflejaba la imagen de una mujer agotada de excusas y falsas comprensiones. Algo dentro de mí se rompió. No había más que comprender, ni más que perdonar. Mi dolor se transformó en una calma helada. Con dedos firmes, abrí mis contactos. Era hora de que Elena Rojas, la abogada, defendiera a su cliente más importante: a sí misma.”
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