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Esta Vez Pido Divorcio

Capítulo 2 

Palabras:659    |    Actualizado en: 03/07/2025

se sentía diferente, más limpio. Fui a la farmacia y compré una prueba de embarazo. Necesit

fé, las dos líneas rosas ap

ara

e alivio. Este bebé, en esta nueva vida, no conocería el dolor de tener u

sta noticia, la alegría frágil de una nueva vida. Pero esa parte de mí, la Elena i

rincipal, un aroma d

os de limpieza. Era un perfume floral,

erdo de mi vida pasada se superpuso con la r

bía un broche de perlas que no era mío. Un pequeño objeto brillante que gritaba traición. Lo r

lugar, había un vacío frío, una certeza absoluta. Sabía l

ez, yo tení

rado. No había prisa. No había desesperación. Solo la resolu

abierta. Me detuve antes de entrar, escuchan

tuve las lágrimas

nredados en las sábanas que yo misma había elegido. La luz del sol que entraba

oré. No me abal

al de la puerta, mirándolos. Mi quiet

ó, reemplazada por una molestia visible. No había culpa

io. Se sentó, sin molestarse en cubr

nfo y falsa inocencia. Era la misma mirada que había visto en mi

fría como el acero. "Tú no te metes en mis asuntos, y y

a sonrisa amarga form

Lo entiendo

lágrimas, gritos, un drama. No e

quieres?", pregu

n voz baja. "Ya no

da mirada. Escuché a Ricardo llamarme por

con cuidado, con dignidad. Sa

años, sentí que podía respirar. La traición dolía, s

Realment

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Esta Vez Pido Divorcio
Esta Vez Pido Divorcio
“Durante diez años, mi mundo giró en torno a Ricardo Vargas, un amor que me consumió, arquitecta con sueños que se marchitaban a su sombra. Manipulé, sembré dudas, usé mi astucia no para construir, sino para demoler su relación con Sofía. Y lo logré. Nos casamos. Esos seis años fueron un infierno de excusas, humillaciones y el constante olor a otros perfumes. Aguantaba, esperando que mi paciencia lo cambiara. Ese día, el fin de todo, encontré a Sofía en nuestra cama, y Ricardo me miró con un desdén que me heló los huesos. "Elena, ¿qué parte del acuerdo no entiendes? No interferencia. Tú tienes tu vida, yo tengo la mía." Su mirada bajó a mi vientre embarazado: "Y sobre todo, no vayas a ensuciar a mi hijo con tus asuntos." Su burla me rompió, convertida en furia ciega, me abalancé sobre él. Perdí el equilibrio. Caí por las escaleras. Dolor. Oscuridad. Lo último que sentí fue una cálida pérdida. Había perdido a mi bebé, lo único que me quedaba. Y entonces... desperté. En mi cama. Sin dolor. Mi vientre intacto. La prueba de embarazo, sin usar, en la mesita de noche. Un milagro. Una segunda oportunidad. No para él. No para arreglarlo. Una oportunidad para liberarme. En ese instante, una década de obsesión se hizo añicos. Me levanté, tomé mis cosas. Dejé la prueba y el anillo sobre la almohada. Esta vez, no iba a caer por las escaleras. Esta vez, iba a caminar hacia mi libertad.”
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