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Esta Vez Pido Divorcio

Capítulo 3 

Palabras:817    |    Actualizado en: 03/07/2025

No era el dolor agudo de la traición recién descubierta, sino el dolor crónico de una década perdida. Me dirigí a un pequeño apartament

ío. No había rastros de Ricardo, ni de Sofía, ni de los

a que entrara el aire fresco. Cada movimiento era un ritual, una forma de purificar no solo el apartamen

rquitecta llena de sueños que había sido. Lloré por el amor ciego que me había llevado a la ruina. Lloré por el bebé que nunca conocería a s

lencioso, mi teléfono vibró. Era una notificación

endo a la cámara. En la descripción, solo una frase: "Celebrando un nu

estaban celebrando su "nuevo comienzo" en la cara de todo el mundo. La ira que había mantenido a raya durante todo el día

s, mis bocetos, mis libros, los pocos pedazos de mi antigua vida

o en el salón, leyendo el periód

ar con cajas vacía

as de casa para llamar la atención? ¿Cu

niña haciendo un berrinche. No tenía ni idea de la

," dije, mi voz firme. "V

a risa corta

coche nuevo? ¿Más joyas? Ponle un pre

re de mi bolso. Lo dejé sobre la mesa

el div

svaneció. Miró el sobre, lu

Qu

"He renunciado a todo. No quiero tu dinero, no quiero la

documento, su rostro pasando

lo que hiciste para casarte con

ia, Ricardo. Y

ponente tratando de intimid

e de mis contratos? ¿Tu hermano y su estilo de vida que pago

a mi familia para controlarm

o y

abía regalado en nuestro primer aniversario. La joya que mi madre tanto adoraba. Lo

un tirón,

botando y rodando en todas dire

e a los ojos, "no tiene precio. Y ya no te

de pie en medio de un mar de perlas rotas, con la cara desencajada

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Esta Vez Pido Divorcio
Esta Vez Pido Divorcio
“Durante diez años, mi mundo giró en torno a Ricardo Vargas, un amor que me consumió, arquitecta con sueños que se marchitaban a su sombra. Manipulé, sembré dudas, usé mi astucia no para construir, sino para demoler su relación con Sofía. Y lo logré. Nos casamos. Esos seis años fueron un infierno de excusas, humillaciones y el constante olor a otros perfumes. Aguantaba, esperando que mi paciencia lo cambiara. Ese día, el fin de todo, encontré a Sofía en nuestra cama, y Ricardo me miró con un desdén que me heló los huesos. "Elena, ¿qué parte del acuerdo no entiendes? No interferencia. Tú tienes tu vida, yo tengo la mía." Su mirada bajó a mi vientre embarazado: "Y sobre todo, no vayas a ensuciar a mi hijo con tus asuntos." Su burla me rompió, convertida en furia ciega, me abalancé sobre él. Perdí el equilibrio. Caí por las escaleras. Dolor. Oscuridad. Lo último que sentí fue una cálida pérdida. Había perdido a mi bebé, lo único que me quedaba. Y entonces... desperté. En mi cama. Sin dolor. Mi vientre intacto. La prueba de embarazo, sin usar, en la mesita de noche. Un milagro. Una segunda oportunidad. No para él. No para arreglarlo. Una oportunidad para liberarme. En ese instante, una década de obsesión se hizo añicos. Me levanté, tomé mis cosas. Dejé la prueba y el anillo sobre la almohada. Esta vez, no iba a caer por las escaleras. Esta vez, iba a caminar hacia mi libertad.”
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