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El Anillo de la Traición

Capítulo 4 

Palabras:837    |    Actualizado en: 03/07/2025

n un puño sobre su pierna. Su mandíbula estaba apretada, y de vez en cuando me lanzaba una mirada de reojo, una mezcla de sospecha

departamento, su fachada d

etó, su voz goteando acusación. "¡Ese anillo era

arlos" , respondí, mi

usto cuando tu negocio se está yendo al carajo,

o por la mentira, sino por l

pregunté, encontrando una fu

z lo vendiste! ¡O lo empeñaste

estaba a centímetros del mío, sus ojos oscuros y llenos

, Sofía. O dim

e se cayó! ¡N

cida y maliciosa apareció en su rostro. Metió la

ani

ía entre sus dedos, el cristal

rillar cerca del bote de basura. Parece que la perra a la que estabas alimenta

mis pulmones. Me habí

mano izquierda con una fuerza brutal. Con la

ó en mi pecho. La sensación fue instantánea y violenta. Un mareo me golpeó, la habitac

mi dedo como si fuera un trofeo. "Donde pertenece. A

ándome una mano a la cabeza.

me siento b

amente tranquilizadora. "Necesitas descansar.

bilidad se apoderó de mi cuerpo. Me sentía drogada, impotente. La maldición había vuelto, más f

s en la cocina. El tiempo pasaba, la medianoche s

a que yo estaba dormida. Era un

cada palabra. "La muy idiota trató de pasárselo a

una p

que estoy enojado por el valor del anil

u voz se volv

la llevaremos al médico. Diremos que ha tenido un colapso nervioso por la quiebra. Con el estado en el que la deja

dinero. Querían destruirme, encerrarme, borrarme de mi propia vida. Era

o con una oleada de adrenalina y furia. No po

ntana mientras hablaba por teléfono. La taza de té que había mencionado esta

ingir. Tenía que usar su arrogancia, su creencia de que yo era una idiota débil, en su contra

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El Anillo de la Traición
El Anillo de la Traición
“El aire de mi taller, perfumado a tela nueva y café, me susurraba historias de éxito. Mi corazón rebosaba de alegría: mi negocio de moda florecía y Carlos, mi prometido, me acababa de pedir matrimonio con un diamante espectacular. Incluso mi mejor amiga, Elena, lloró de "felicidad" por mí, mientras su pequeña boutique languidecía. Pero la perfección se hizo añicos en Coyoacán, cuando Don Ricardo, un curandero del barrio, clavó su mirada en mi anillo. "Niña" , me dijo con voz rasposa, "ese anillo... no es de buena suerte. Guarda algo que perteneció a un muerto" . Lo descarté como tonterías, pero ese mismo día, mi negocio se desplomó: pedidos cancelados, proveedores fallidos, diseñadores que me abandonaban. Mientras mi mundo se desmoronaba, el de Elena florecía inexplicablemente. La advertencia de Don Ricardo resonó, insistente. Lo busqué de nuevo, desesperada, y me reveló una verdad escalofriante: el anillo contenía las cenizas de Chico, el perro de Elena. "Es un 'intercambio de fortuna' " , explicó. "Ella y tu prometido lo planearon. El anillo te roba la vida, tu suerte se transfiere a ella." Sentí que el alma se me desgarraba. Carlos, el hombre que amaba, mi mejor amiga... cómplices. Todo había sido una farsa, una cruel estafa para robarme mi herencia, mi vida. Intenté quitarme el anillo, pero estaba atascado, frío como el hielo. Don Ricardo me dio una última, terrible opción: transferir la maldición a otra persona antes de medianoche o perderlo todo. ¿Condenar a una inocente? La sola idea me revolvía el estómago. "No puedo" , le rogué. "No puedo hacerle esto a nadie" . Su respuesta fue gélida: "La elección es tuya, niña. Pero ellos no tuvieron compasión de ti" . Decidí buscar pruebas antes de actuar. Observé a Elena, radiante de éxito, la personificación de mi prosperidad robada. Llamé a Carlos, y su alegría por una inversión "milagrosa" confirmó mis peores temores: era mi dinero, mi suerte. La conversación con Elena confirmó su plan: "La estúpida de Sofía se tragó todo el cuento... para la medianoche, estará en la quiebra total. Y entonces, su herencia será vulnerable". La ira me consumió, una furia fría y calculadora. Así que volví al departamento, donde el infierno se desató.”
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