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El Anillo de la Traición

Capítulo 3 

Palabras:870    |    Actualizado en: 03/07/2025

inaban en lágrimas de rabia y desesperación. La medianoche se acercaba como una sentencia de muerte. Tenía que quitarme el ani

nto, apoyada contra una pared de ladrillos fríos. El h

de pelaje claro, flaca y sucia. Su vientre estaba hinchado, obviamente preñada. Me

idea terrible y brilla

o-hu

Era una elección horrible, pero era una elección entre mi vida y la de un animal que probablemente no sobr

asustarla. Saqué de mi bolso me

, susurré. "¿

lamió de mi palma con delicadeza. Mientras comía, le acaricié la cabeza.

a. El pánico me daba una fuerza desesperada. Finalmente, con un último tirón que me arrancó u

or él, hice un nudo y, con un movimiento rápido y sigiloso, s

cuello con la pata, tratando de quitarse el objeto extraño. Luego, s

a había

me hizo sentir un profundo escalofrío. Parecía saber exactamente lo que yo había hecho. El anillo brilló débilmente en la oscuridad del callejón

Sof

silueta recortada contra las luces de la calle. Su rostro era una másca

¡Estaba tan preocupado! No

e, y luego se detuvo en mi mano i

reguntó, su voz de r

ra me dio claridad. Tenía que m

e angustiada. "Estaba corriendo, tropecé aquí mis

os metros de distancia. La desesperac

la coladera. Se arrodilló, tratando de mirar a tra

no se movió. Seguía

linterna, apuntando el haz de luz h

rda. ¡Ese anillo c

rdad" , dije, poniendo una mano

ra, en el anillo perdido. Su obsesión era tan obvia, tan transpar

iendo usarla como linterna para "ayudarlo" , tomé una foto rápida y silenciosa de la perra con el co

poniéndose de pie, frustrado y furioso. "Tienen que

azo, su mano apr

asa. Estás

us ojos se encontraron con los míos en la oscuridad. En ellos, vi un reflejo de mi propio miedo

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El Anillo de la Traición
El Anillo de la Traición
“El aire de mi taller, perfumado a tela nueva y café, me susurraba historias de éxito. Mi corazón rebosaba de alegría: mi negocio de moda florecía y Carlos, mi prometido, me acababa de pedir matrimonio con un diamante espectacular. Incluso mi mejor amiga, Elena, lloró de "felicidad" por mí, mientras su pequeña boutique languidecía. Pero la perfección se hizo añicos en Coyoacán, cuando Don Ricardo, un curandero del barrio, clavó su mirada en mi anillo. "Niña" , me dijo con voz rasposa, "ese anillo... no es de buena suerte. Guarda algo que perteneció a un muerto" . Lo descarté como tonterías, pero ese mismo día, mi negocio se desplomó: pedidos cancelados, proveedores fallidos, diseñadores que me abandonaban. Mientras mi mundo se desmoronaba, el de Elena florecía inexplicablemente. La advertencia de Don Ricardo resonó, insistente. Lo busqué de nuevo, desesperada, y me reveló una verdad escalofriante: el anillo contenía las cenizas de Chico, el perro de Elena. "Es un 'intercambio de fortuna' " , explicó. "Ella y tu prometido lo planearon. El anillo te roba la vida, tu suerte se transfiere a ella." Sentí que el alma se me desgarraba. Carlos, el hombre que amaba, mi mejor amiga... cómplices. Todo había sido una farsa, una cruel estafa para robarme mi herencia, mi vida. Intenté quitarme el anillo, pero estaba atascado, frío como el hielo. Don Ricardo me dio una última, terrible opción: transferir la maldición a otra persona antes de medianoche o perderlo todo. ¿Condenar a una inocente? La sola idea me revolvía el estómago. "No puedo" , le rogué. "No puedo hacerle esto a nadie" . Su respuesta fue gélida: "La elección es tuya, niña. Pero ellos no tuvieron compasión de ti" . Decidí buscar pruebas antes de actuar. Observé a Elena, radiante de éxito, la personificación de mi prosperidad robada. Llamé a Carlos, y su alegría por una inversión "milagrosa" confirmó mis peores temores: era mi dinero, mi suerte. La conversación con Elena confirmó su plan: "La estúpida de Sofía se tragó todo el cuento... para la medianoche, estará en la quiebra total. Y entonces, su herencia será vulnerable". La ira me consumió, una furia fría y calculadora. Así que volví al departamento, donde el infierno se desató.”
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