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Mis Queridos Familias Crueles

Capítulo 1 

Palabras:1257    |    Actualizado en: 03/07/2025

a mole, el fa

abía visto en años, el vapor de la olla grande le empañaba los lente

, me dijo, su voz sonaba extrañamente dulce, ca

leyendo el periódico con una concentración que parecía falsa, como si es

gía la palabra, a menos que fuera para pedirme dinero, e

con este calor" , dijo, y su amabilid

enferma, casi muriendo. Dejé mi vida, mi pequeño departamento y mi trabajo en la ciudad para ven

dijeron que habían exagerado un

e quería una familia normal, se sintió feliz de verlos, de sentarm

el periódico con cuidado, "tenem

uando iba a anunciar una mala noticia

ocio, algo grande" , continuó, sus ojos pequeños y astuto

la comida que olía tan bien de

pregunté, mi voz

jo Ricardo, demasiado rápido. "Es solo una presentación, par

tido, y la sonrisa en la cara de

é tengo que ver yo

i mi pregunta fuera la c

esestimando mi preocupación con un gesto de la mano. "Es un viaj

a la única palabra que siempre parecía importarles

mí ganó. Quizás solo estaban nerviosos, quizás esta era

je, forzando una

n toda la tarde, mi padre asintió satisfecho y Ricardo me dio

e no fu

re, el aire acondicionado no servía y el calor del desierto

padre conducía con los nudillos blancos, mirando por el retrovisor cada dos por t

pregunté, solo para

espetó Ricardo, su voz

se había caído, revelando al mismo patán de siemp

por un camino de tierra sin señalizació

amino a ninguna hacienda" , dije, el pá

espondió, s

cuando Rica

al, me agarró del brazo, su fu

e estás lastimando!" , g

lo apretó

, su cara a centímetros de la mía, s

scando ayuda, supli

esión era fría, vacía de cualquier e

o con una calma que me heló la san

e negocios, no era una presentación. Era otra

s con la otra me tapaba la boca para que no gritara, el camino de

do el cielo de un naranja sangri

un color ocre que casi se mezclaba con el paisaje. Había buganvilias m

d, comenzó a crecer dentro de mí. El olor del polvo mezclado con las flo

con

tado aqu

tuvo. No podía s

i memoria, años construyendo una nueva vida lejos de

portón y Ricardo me sacó a rast

, su voz sin emoción, como si

ió de una pequeña puerta lateral. Tenía la cara marcada por una

ocí al i

de los hombres de co

onocimiento, como si yo fuera una más de las

ajó con una claridad

me había llevado a con

ían ve

staban entregando, era el mismo del q

había criado mi

doptivo, las mismas personas que me habían aprisionado con su a

o. Y mi propia sangre m

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Mis Queridos Familias Crueles
Mis Queridos Familias Crueles
“El aroma a mole de mamá llenaba la casa, un espejismo de calidez familiar que, por un instante, me hizo creer en un regreso a la normalidad. Volví a casa después de una semana, engañada con la excusa de una madre "muy enferma", solo para encontrarla cocinando felizmente. Luego, mi padre Manuel y mi hermano Ricardo, con sonrisas que no llegaban a sus ojos, me hablaron de un "negocio", un "favor" que consistía en "ser bonita" para unos "socios". La amabilidad forzada, el nudo en mi estómago, la sensación de que algo andaba terriblemente mal, se agudizaban con cada kilómetro en la vieja camioneta de mi padre. El viaje no era corto, Ricardo me silenció a la fuerza, y mi padre me miró con una frialdad que me paralizó. Al llegar a una hacienda familiarmente ominosa, me reconocí al instante: este era el infierno del que había escapado. "Aquí está" , dijo mi padre a un hombre con cicatrices, "como acordamos" . Cincuenta mil pesos. Ese era mi precio. Fui vendida por mi propia familia biológica a los mismos monstruos que me habían mantenido prisionera años atrás. El "Tigre" no me reconoció, pues mi propia madre y padre habían borrado mi imagen para que este encuentro fuera posible, cortando mi cabello y vistiéndome con harapos. Pero cuando Arturo, mi padre adoptivo, y Mateo, mi hermano adoptivo, entraron, la farsa se desmoronó. Mateo me humilló como basura, hasta que vio mi dije de colibrí, el símbolo de nuestra posesión. Su incredulidad se tornó en una furia devastadora y brutalmente vengativa. Arturo y Mateo desataron un infierno de tortura contra todos los que me habían dañado. El Tigre fue mutilado, a mi padre Manuel le destrozaron las manos, y a Ricardo los arrastraron al pozo. Los gritos de agonía resonaban, mientras Mateo, con su rostro salpicado de sangre, me susurraba: "Estás a salvo, mi Sofi". Encerrada en una jaula dorada, acepté mi papel de princesa dócil mientras planeaba mi venganza. Usando a mi tutora, filtré información a la DEA y a los Zetas, sembrando el caos lentamente. Finalmente, en una noche de reunión, llamé al 911 y disparé al aire, desatando una guerra en mi propia casa. Los marinos llegaron, el imperio se desmoronó, y entre los escombros, declaré: "Soy Sofía García, la chica secuestrada". Libre al fin, aunque marcada por la sangre.”
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