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Los Demonios Adoptivos

Capítulo 2 

Palabras:750    |    Actualizado en: 03/07/2025

tras pretendía leer e

ndo tareas para la universidad. Susurraban entre ellas, compartiendo miradas q

malsana, una tensión secreta en la forma e

libro a

universidad a la vuelta de la esquina, deberíamos planear una g

naron por un segundo antes de que una rápi

r la vista de su laptop. "Estaremos muy oc

vando sus reacciones como un halcón. "Rica

erceptible en los ojos de Camila. No era miedo.

n ya estaba en mar

", dijo Camila, termi

a cocina. Era hora d

haré pescado a la veracruza

scado y los chiles había sido uno de los primeros

es y chiles güeros, friéndolos en aceite de oliva. El olor era intenso, delicioso

s, escuché un

sobre la boca, su cara pálida y sudorosa. Se leva

do inconfundibl

o y la siguió, cerrando la p

"ya lo he vivido" era abrumadora, pero esta vez no había

primero, con el ceño fruncido, desafiante. Renata la seguía,

ro una máscara de p

r, ¿qué pasó? ¿

. "No es nada, mamá. Solo... el o

te encanta", dije,

gente cambia de gustos, Sofía. No es gran cos

Sofía.

ieta visible

orando a Camila. "Sube a tu cuarto y de

en el barandal, Camila me sostuvo la mirada. Sus ojos eran

i expresión de suave preocupación. Per

Su reacción al pescado, la forma protectora y controladora de Cami

té frente a mi computadora. La luz de l

aras espía

ores, cargadores USB, detectores de humo, inclu

entes, pagando extra por

el cuarto

el cuarto

a la sala

presentimientos. Esta vez, tendría pruebas. Pruebas

n escalofrío recorrió mi espalda. Estaba cru

o todas las líneas posib

na simple dis

ra. Y yo pen

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Los Demonios Adoptivos
Los Demonios Adoptivos
“El fuego me consumía, pero el verdadero infierno era el odio de la multitud. Atada junto a mi esposo, Ricardo, escuchaba los gritos de "¡Bruja! ¡Monstruos!", mientras el olor de nuestra carne quemada inundaba el aire. En mis últimos alientos, no sentí las llamas, sino la helada traición de Camila y Renata, las hijas que rescatamos de un orfanato, a quienes dimos todo. Ellas nos habían pagado orquestando nuestra ruina, acusando a Ricardo, estéril, de embarazarlas. Observé cómo el jurado de la turba dictó su sentencia con gasolina y fósforo, y morí con una sola pregunta que me desgarraba: ¿Por qué? Y entonces, desperté. El sol entraba por la ventana, mis pies descalzos sobre el frío suelo sabían a renacimiento. No fue un sueño, era una segunda oportunidad. El calendario marcaba el 15 de agosto, el día de la cita médica que lo cambiaría todo, el inicio de su mentira. Sabía que nos acusarían de nuevo, que la prensa nos devoraría y la turba nos condenaría. Esta vez, no permitiría que destruyeran a Ricardo, ni que nos arrastraran al infierno de nuevo. Conocía cada uno de sus movimientos, cada una de sus mentiras. Ya no era la ingenua Sofía, la que solo tenía sentimientos. Esta vez, estaría preparada.”
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