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Los Demonios Adoptivos

Capítulo 1 

Palabras:694    |    Actualizado en: 03/07/2025

la multitud afuera sonaba más fuer

ruja! ¡Quemen a

l olor a carne quemada, la mí

n atados juntos, una úl

uego, solo la helada traición de nuestr

sacado de un orfanato,

stra ruina, acusando a Ricardo, u

inal, con una sola pregunta en

ces, de

or la ventana, iluminando el

n mi cam

echo subía y bajaba con una ca

rio en la pared

d

todo comenza

nacimiento. Se me había da

el frío suelo de madera. Fui a la cocina y comenc

y huevos fritos

s días,

ta, la menor, me lleg

respondí, mi voz sonan

guía de cerca, más sile

e de sus vidas, a punto de ir a la universidad. Cualquie

abíamo

stadas. Les leíamos cuentos por la noche, curábamos sus rodillas r

propios, su esterilidad fue un golp

. Incondic

creí

ico rutinario. El día en que el doctor nos llamó a

. ambas chicas es

k. La c

la ac

llenos de lágrimas falsas, mientras R

ueña comunidad, luego en las noticias nacionales, alimentada

abusa de sus h

lice encubre

alda. Extraños nos escupían en la calle. La policía abrió una

a turba fue rá

gasolina y

is manos no temblaban. La furia en

sería d

a Ricardo. No iba a permitir que n

asada. Conocía cada uno de sus mov

yo estaría

importante", dije con una son

echa en su mirada. Siempre fue la

de importa

la directamente a los ojos. "Un presentimie

erdad que se me escapó en mi vida anterior. Iba a d

teger a m

piar nues

cia, la verdadera justicia, cay

vivencia era lo ún

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Los Demonios Adoptivos
Los Demonios Adoptivos
“El fuego me consumía, pero el verdadero infierno era el odio de la multitud. Atada junto a mi esposo, Ricardo, escuchaba los gritos de "¡Bruja! ¡Monstruos!", mientras el olor de nuestra carne quemada inundaba el aire. En mis últimos alientos, no sentí las llamas, sino la helada traición de Camila y Renata, las hijas que rescatamos de un orfanato, a quienes dimos todo. Ellas nos habían pagado orquestando nuestra ruina, acusando a Ricardo, estéril, de embarazarlas. Observé cómo el jurado de la turba dictó su sentencia con gasolina y fósforo, y morí con una sola pregunta que me desgarraba: ¿Por qué? Y entonces, desperté. El sol entraba por la ventana, mis pies descalzos sobre el frío suelo sabían a renacimiento. No fue un sueño, era una segunda oportunidad. El calendario marcaba el 15 de agosto, el día de la cita médica que lo cambiaría todo, el inicio de su mentira. Sabía que nos acusarían de nuevo, que la prensa nos devoraría y la turba nos condenaría. Esta vez, no permitiría que destruyeran a Ricardo, ni que nos arrastraran al infierno de nuevo. Conocía cada uno de sus movimientos, cada una de sus mentiras. Ya no era la ingenua Sofía, la que solo tenía sentimientos. Esta vez, estaría preparada.”
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