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Amo Al Hombre Sin Sangre

Capítulo 4 

Palabras:697    |    Actualizado en: 02/07/2025

y sofocante. Me sentía atrapada, no solo en esa habitación, sino en la red de menti

a soledad era mi única compañera, es

rdia. Eran vo

aban hablando en el pasillo, creyendo que y

do el fuego en mi abdomen, y pegué la

voz un siseo venenoso. "Parecía que sabía

rogancia. "Está atrapada. Es mi palabra contra la de una mu

ó Elena. "Y el bebé... ¿estás seguro d

o, no un escándalo. Pagaron una fortuna. Ese niño ya no

rodu

hijo "un

ándose en mis palmas. La rabia

, ese niño creciendo y pareciéndose a ella. Un recordatorio constante de su m

taba embarazada? N

que me heló la sangre. "Además, el hijo de Sofía tenía una vent

Hablaban de mi hijo, de su nieto, como

iguo. "Siempre 'la talentosa Sofía', 'la dulce Sofía'. Incluso cuando éramos niñas, ella siem

el," dijo Ricardo, su voz llena de u

uiero que sepa que yo gané. Que se despierte cada día en ese manicomio sabiendo que yo estoy viviendo la vi

para destruirme lentamente. No querían solo

tió Ricardo. "Me a

sos alejándose

o temblando sin control. Ya no eran lágrimas de t

efendido de las burlas, había intentado ser la hermana que nunca tuvo. Y todo ese tiempo,

a un monstruo sin alma, un hombre que veía a l

sótano oscuro y lleno de podredumbre debajo. Mi amor, mi f

la vieja Sofía. La h

esa habitación de sanatorio, algo

emilla de

, que la regaría con cada gota de mi dolo

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Amo Al Hombre Sin Sangre
Amo Al Hombre Sin Sangre
“El mundo se sentía brillante y lleno de promesas, un lienzo dorado donde mi arte y el amor de Ricardo se fusionarían con la llegada de nuestro bebé. Pero la luz se desvaneció, revelando una oscuridad impensable: Ricardo, mi gran amor, y Elena, mi propia hermanastra, tramaban robar a mi hijo y encerrarme en un manicomio. La traición me golpeó como un rayo, mientras escuchaba sus voces heladas planear mi perdición, y peor aún, la de mi pequeño, al que ellos llamaban "un producto". Encerrada en un hospital fantasmal, drogada, débil, y despojada de todo, la verdad sobre mi pasado se desenterraba: Elena confesó que el aborto espontáneo de mi primer embarazo, años atrás, también fue obra suya. La desesperación se transformó en una rabia líquida, pura, que ardía en mis venas, y con la inesperada ayuda de una enfermera y un guardia compasivo, tomé en mis manos una llave y una dirección remota: la promesa de mi escape, y el inicio de mi resurrección para recuperar a mi hijo y destruir a quienes me habían convertido en esto.”
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