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Querido Marido, Nunca Te Perdoné

Capítulo 3 

Palabras:522    |    Actualizado en: 02/07/2025

ejos de las miradas y las sonrisas falsas, la noche de la ciudad se e

tro amable y ojos tristes, salió a mi lado, era Elena,

barandilla a mi

rga, ¿verdad?",

n confiar

n una simpatía que me desarmó. "No es fácil estar c

amables, pero me h

hacer", respondí, mi

querida, todas lo hacemos de una forma u otra, per

o caras, su vida era un mundo aparte del mío, ella tenía la seguridad, la p

n capricho temporal que podía ser

la compasión, yo solo podía permi

e amarga resigna

rás suficiente dinero para su leche mañana, no podían entender lo que era sentarse al lado de la cama de tu madre

e humillación dorada, no era una elec

tre la vida y la mu

lmente, y la frase sonó a la vez co

la única verdad

za, como si entendiera u

jo suavemente. "No dejes que

una sonrisa real esta vez

que quitar", pens

ujeres en un balcón, atrapadas en mundos diferente

uerta se ab

os sirviente

el señor Vargas l

de vuelta, el breve r

y volví a entrar a la fie

u lugar de nuevo, lista para enfr

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Querido Marido, Nunca Te Perdoné
Querido Marido, Nunca Te Perdoné
“La música de la fiesta ahogaba mi alma, mientras Ricardo Vargas me exhibía como su trofeo más reciente. Soy Sofía, su "musa", una cara bonita que sonríe vacía para pagar las facturas del hospital de mi madre y la comida de mi pequeño hijo Leo. Mi vida de bailarina de flamenco, heredera de la gran Carmen, terminó en un escenario, con un hueso roto y el amor de mi vida, Mateo, abandonándome sin una mirada. Después, mi madre sufrió un derrame cerebral, postrada, y yo, desesperada, vendí mi alma a Ricardo para sobrevivir. Pero la humillación no conocía límites: en la fiesta, Ricardo me exhibía como su "pequeña ave rota", y justo entonces, Mateo, ahora "El Fénix del Flamenco", reapareció. Él no sintió compasión, solo desprecio, confirmando lo que ya sabía: su éxito se construyó sobre mis ruinas. "Veo que por fin encontraste tu verdadero talento, Sofía", me susurró venenosamente, mientras iba por el whisky de Ricardo. "Servir a los hombres". La rabia me quemaba, pero mi rostro permaneció sereno, sin una pizca de emoción. Luego, Isabel, su hermana, me atacó en el baño, gritando sobre "familias destruidas". Mateo intervino, pero su falsa compasión solo profundizaba mi herida: ¿era él quien orquestaba esta tortura? Cuando reveló que Luna, su hermana menor, se había suicidado por la crueldad de mi madre en la academia, y que yo fui "ciega y cobarde" al no hacer nada, su venganza cobró un significado aterrador. Ahora él quería verme sufrir, arrebatarme todo lo que amaba. Pero ¿qué más podía quitarme? Mi carrera, mi amor, mi dignidad ya se habían ido. ¿Y si en el corazón de esta tragedia, lo que él pensaba que era un acto de venganza, era en realidad un descubrimiento que cambiaría su mundo para siempre?”
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