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La Señorita solo Quiere Vivir Tranquilamente

Capítulo 3 

Palabras:547    |    Actualizado en: 26/06/2025

s padres biológico

adre, con lágrimas en los o

uve. Pero la mujer de cincuenta años en mi interior sabía que este e

ue mis propios ojos se llen

una palabra que n

los brazos cruzados, su sonrisa

ió. "Pasa, no te quedes ahí. Aunque no sé s

apartamento donde había vivido. Mármol brillante, una lá

a, mirando todo con

sentirte como en un palacio. Déjame darte

cí al instante. Era el primer regalo que Javier me había hecho, el qu

era", dijo en voz alta para que todos

o en m

era su plan para humillar

tropiezo, dejé que cayera al suelo

fingido. "Lo siento tanto, era.

ila, perdiendo la compostura. "¡Eres

mi padre. "Fue un accidente. Di

pósito para hacerme queda

triunfante. "Hay cámaras de seguridad en el v

iría eso. E

segurándome de que mi cuerpo bloqueara la vista de la cáma

voz temblorosa y her

a Camila dándome el dije, y luego a mí, de espaldas a la cámara, tropezando

puso pálida. La de Ma

", comen

e gustaría ver el video de la entrada del auto. Quiero que mis padres vean cómo su

para mirar a Mateo, sus e

rto?", preguntó mi

palabras. Había c

primer

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La Señorita solo Quiere Vivir Tranquilamente
La Señorita solo Quiere Vivir Tranquilamente
“A mis cincuenta años, consumí mi vida en una cama de hospital barata, cada aliento una punzada de dolor por décadas cosiendo en el ruidoso Gamarra. Frente a mí, en la televisión, mi exnovio, Javier Mendoza, brillaba como un arquitecto famoso, dedicando su premio a Camila Solari, la heredera del imperio textil, y a su hermano Mateo. Fue entonces cuando la verdad me golpeó con la fuerza de una epifanía agonizante: los Solari eran mi verdadera familia biológica, y Javier, Camila y Mateo habían orquestado un cruel engaño para mantenerme alejada de mi herencia. Yo, la tonta Isa que, a los veintidós años, decidió quedarse con Javier, sacrificando todo, viviendo en la miseria y el trabajo extenuante para financiar su carrera, solo para ahora morir lamentando una vida de mentiras. Mi último suspiro se ahogó en arrepentimiento, dejándome con una pregunta punzante: ¿Por qué? ¿Por qué me engañaron así? ¿Qué oscura trama tejieron para robarme lo que era mío? Pero justo cuando la oscuridad parecía engullirme, me encontré de pie, otra vez en el taller de Gamarra, con veintidós años, y Mateo Solari frente a mí, ofreciéndome una vez más la oportunidad de volver a casa.”
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