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Mi Imperio, Mi Revancha: De la Nada al Todo

Capítulo 1 

Palabras:514    |    Actualizado en: 26/06/2025

os sesen

en paz, creyendo haber vivido una vida plena como un exitos

stenía mi mano, sus lág

café del mundo gracias a mi tutela,

ojos, sa

se quedó flotando en l

s vi la

stúpido", dijo Javier, su rostr

uemara. "No hables así de tu...

enta años fingiendo ser su hijo, cuarenta años llamándol

viejo Santiago por fin murió. Ya e

ue quedaba de él

eaban usar mi dinero para mantener a Mateo, el

aba de mis logros, llamán

al llegó cuando Is

con esto?", pr

mezcle con el polvo, como siempre de

e sentí que mi alma se desgarraba. Quería gritar, quería

peración, una fuerza me arrastró

los

calentaba mi piel, el olor a café y flores llenaba el aire. E

a discusión. Eran Isab

ces, un

al río caudaloso que

é sin pensar. Una rama oculta me destrozó la pierna, dejándome una cojera de por vida. Isa

guien la salve!"

el miedo, aunque yo sabía q

z, no m

ron más desesperados, cami

con todo el hielo

lo lancé hacia el frente

, dije con una voz que

jé, dejando atrás el caos y el

ida se

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Mi Imperio, Mi Revancha: De la Nada al Todo
Mi Imperio, Mi Revancha: De la Nada al Todo
“A mis sesenta años, exhalé mi último aliento, rodeado de mi amada "familia", convencido de que había vivido una vida plena y exitosa como un magnate del café, un esposo incondicional y un padre ejemplar. Mi esposa, Isabella, sostenía mi mano, sus lágrimas parecían sinceras. Mi hijo, Javier, me miraba con una expresión de dolor. Cerré los ojos, satisfecho. Pero mi alma no partió, se quedó flotando, invisible en la habitación. Fue entonces cuando escuché las palabras de mi "hijo": "Finalmente se murió el viejo estúpido". Isabella soltó mi mano como si quemara. "¿Su fortuna? Es nuestra fortuna", replicó Javier. "Cuarenta años fingiendo ser su hijo, cuarenta años llamándolo 'papá' . Me da asco". Mi mundo se hizo añicos al escuchar a Javier llamar a su "verdadero padre" y celebrar mi muerte con Isabella. Planearon usar mi dinero para mantener a ese cobarde vecino, Mateo. Me vi arrojado, como basura, a un almacén. El dolor era insoportable, la rabia me desgarraba. Quería gritar, destrozarlos, pero era un espectador impotente. En ese torbellino de odio y desesperación, una fuerza me arrastró hacia atrás. Abrí los ojos. Tenía dieciocho años de nuevo, en la hacienda de los Isabella. Ella caía al río. Esta vez, no me moví. En esta vida, mi destino ahora me pertenecía.”
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