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Venganza DE Una Abuela

Capítulo 1 

Palabras:470    |    Actualizado en: 23/06/2025

empujó un papel sobre

ción, era plana como el zum

las. Su nieto prov

a en mi alma. Mateo, mi Mateo, un pandillero. Mi chico que sacaba dieces en la es

es me

ó como un s

era me miró, solo s

Tome sus cosas y váyase,

o sentí su calor. El mundo se había vuelto frío. El mercado, que norma

e Municipal Arturo Morales, ya habían hecho su trabajo. "Joven delincuente muere e

cido a un titu

a con mantel de lino, riéndose con sus amigos. Mateo lo había visto, los había visto golpear a un vendedor ambulante

tar, el techo de lámina. Todo se sentía vacío, silencio

r era una bestia que me devoraba por dentro. N

debajo de la cama. La caja de mi hijo, el padre de Mateo. Mi hijo, el

n manos te

rme de gala. Y junto a él, en una caja de tercio

sus compañeros. Un hombre alto, un Almirante, me había entregado la med

ra familia, señora.

como la única cosa sólida en un mundo que se desmoro

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Venganza DE Una Abuela
Venganza DE Una Abuela
“Mi nieto Mateo era la luz de mi vida, un chico de diez que soñaba con ser ingeniero. Vendía tamales conmigo, sin quejarse. Pero un día, todo se vino abajo. Lo asesinaron por intentar grabar al hijo del alcalde, un matón. ¿La policía? Declaró que fue una riña de pandillas, limpió las manos del asesino y culpó a mi Mateo. ¡Caso cerrado! Me convertí en una paria. El pueblo me evitaba, los medios, controlados por el alcalde Morales, me difamaron como una loca extorsionadora. La esposa del alcalde me ofreció dinero sucio para callarme, pero al rechazarlo, las amenazas se hicieron reales. Mi casa amaneció pintada con insultos: «MATEO RATA». La policía, cómplice del poder, me agredió y pisoteó la única foto de mi Mateo. Estaba sola, sin voz, sin dinero. ¿Cómo iba a pelear contra un sistema tan corrupto? ¿Cómo obtener justicia cuando todos los hilos se movían en su contra? La rabia y la desesperación me consumían. Pero entonces, vi la Medalla al Valor Heroico de mi hijo, un infante de marina muerto en servicio. Recordé las palabras del Almirante en el funeral: «Su familia es nuestra familia. Nunca estarán solos». Con esa medalla como mi única esperanza, sin nada que perder, vendí mis pocos ahorros y viajé doce horas hasta la base naval. Allí, bajo el sol poniente, con la medalla en la palma, me arrodillé frente a la reja, esperando. ¿Respondería el Almirante a la promesa hecha a un héroe? Mi lucha por la justicia apenas comenzaba.”
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