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Venganza DE Una Abuela

Capítulo 2 

Palabras:428    |    Actualizado en: 23/06/2025

fuera de lugar en mi calle de tierra como un di

las páginas de sociales del periódico. Llevaba un vestido blanco imp

a, ¿v

y falsa, como el

dé en la puerta, bl

o, haciendo un gesto vago. "Entendemos tu dolor. Y ta

diseñador y sacó

lvides de este desafortunado incid

a rabia empezó a hervir en mi pecho, c

ije, mi voz temblando. "Fue un as

e la mujer s

do el mundo lo sabe. Deberías estar agradecida de que te o

s amenazas. Un reportero, con una sonri

omportamiento violento y estaba involucrado en el narcomenudeo. Su abuela, conocida por

el te

ía dejado caer antes de irse. Lo tomé, salí de la casa y cami

edir permiso. La esposa del

Los billetes se esparcieron

or de los últimos días salieron en esa única frase.

la como si fuera una cucaracha. Su rostro

ás de esto, vi

polvo y la certeza de que mi vida e

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Venganza DE Una Abuela
Venganza DE Una Abuela
“Mi nieto Mateo era la luz de mi vida, un chico de diez que soñaba con ser ingeniero. Vendía tamales conmigo, sin quejarse. Pero un día, todo se vino abajo. Lo asesinaron por intentar grabar al hijo del alcalde, un matón. ¿La policía? Declaró que fue una riña de pandillas, limpió las manos del asesino y culpó a mi Mateo. ¡Caso cerrado! Me convertí en una paria. El pueblo me evitaba, los medios, controlados por el alcalde Morales, me difamaron como una loca extorsionadora. La esposa del alcalde me ofreció dinero sucio para callarme, pero al rechazarlo, las amenazas se hicieron reales. Mi casa amaneció pintada con insultos: «MATEO RATA». La policía, cómplice del poder, me agredió y pisoteó la única foto de mi Mateo. Estaba sola, sin voz, sin dinero. ¿Cómo iba a pelear contra un sistema tan corrupto? ¿Cómo obtener justicia cuando todos los hilos se movían en su contra? La rabia y la desesperación me consumían. Pero entonces, vi la Medalla al Valor Heroico de mi hijo, un infante de marina muerto en servicio. Recordé las palabras del Almirante en el funeral: «Su familia es nuestra familia. Nunca estarán solos». Con esa medalla como mi única esperanza, sin nada que perder, vendí mis pocos ahorros y viajé doce horas hasta la base naval. Allí, bajo el sol poniente, con la medalla en la palma, me arrodillé frente a la reja, esperando. ¿Respondería el Almirante a la promesa hecha a un héroe? Mi lucha por la justicia apenas comenzaba.”
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