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Venganza DE La Bestia

Capítulo 3 

Palabras:398    |    Actualizado en: 23/06/2025

ente, llamé

dije. "Mi hijo

co propósito: proteger a M

lquier sitio, fui directamente a la cl

deció al v

nde has sacado

mi su

reja, pertenecen a una red de peleas ilegales, son perros c

cardo no había traído un perro

e día, mi estr

to que le daba Ricardo, sino con carne de primera calidad. Le

isciplina", patadas y gr

n su única fu

verdadero en

lloraba, yo llevaba

ro, acariciándolo mientras calmaba a Mateo. "

ar a Mateo con mi afecto, con la buena comida, con la seg

os, los la

lante del puesto de flores de mi madre en el Mer

omábamos

a manzana de distancia y caminábamos, una y otra vez, por delante de su c

dole el mapa d

ra, esta vez apuntando

he, la

cturno. Pero no fueron al parque. Vi en el GPS que le había p

a bestia dónde vivía su otra f

solo era un pederas

yo ta

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Venganza DE La Bestia
Venganza DE La Bestia
“La luz del sol valenciano inundaba mi apartamento, un día cualquiera. El aroma a café fresco flotaba, y la voz de mi marido, Javier, rompió la calma. "Sofía, cariño, mi padre ya ha llegado." Pero mi mente seguía anclada en el sabor metálico de la sangre. En la oscuridad que lo había envuelto todo, en el silencio donde antes lloraba mi Mateo. Entonces, la imagen de Bestia, el Dogo Canario, sus ojos fríos e inteligentes. La misma mirada que me quitó la vida, la misma que se llevó a mi hijo. Corrí, temblorosa, hacia la cuna de Mateo. Allí estaba, mi pequeño Mateo, respirando; su piel, tibia, viva. Un alivio inmenso se mezcló con un horror profundo. Un gruñido me hizo girar: Ricardo, mi suegro, y a sus pies, la bestia. "Es por seguridad," dijo con su sonrisa condescendiente. Javier asintió, totalmente ajeno al mortal peligro que había entrado en casa. ¿Cómo podía estar reviviendo aquello que ya me había matado? No era una pesadilla, era una segunda oportunidad. La última pregunta de mi vida anterior resonó: ¿cómo supieron dónde estábamos? De la impotencia pasada, ahora brotaba una furia fría e implacable. Esta vez, no gritaría ni huiría. No buscaría razones, sino venganza. El juego había comenzado, y conocía las reglas. Esta vez, las reescribiría todas.”
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