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Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo

Capítulo 1 

Palabras:515    |    Actualizado en: 20/06/2025

a las afueras de la Ciudad de México,

nsado

levantó la vista de

ñol en coma, el de los

ltar el vaso. Un alivio mal

i sonrisa no l

ciones," continu

de euros del fideicomiso de mi mad

guardaespaldas personal, Alejandro de la Vega, será

alma por salvar a Camila de ese

su voz ronca

i habitación, el recuerdo de

s a

ndo a Alejand

ada de profesionalismo con coqueteo

odo se

n. Su voz, usualmente tan controlada, sona

a Vega," confesó con una risa. "Esta cham

zón se

uó. "A Camila. Es un ángel. Tuve que enc

habló

imada y vulgar. No vale ni

un golpe físico. Me apoyé

El momento en que

ja. Mi madre acababa de morir. Yo era una adolesce

asignado com

ia silenciosa. Un hombre guapo y f

empecé a verlo com

mis clases, de los libros que leía. Él solo asen

con una fuerza increíble, su mano en mi brazo.

surré, miránd

espondió, soltándome al inst

a humillación silenciosa. Pero seguí intentand

tont

tuvo disponible. Pertenecía a una i

e un obstáculo mol

elta atrás. Me iría lejos de él, lejos

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Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo
Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo
“Durante tres años, amé en silencio a mi guardaespaldas, Alejandro. Él era mi roca inquebrantable, la única figura constante en mi solitaria vida tras la muerte de mi madre. Intenté de todo, pero siempre mantuvo un muro de profesionalismo. Una noche, mi mundo se desmoronó. Lo escuché hablar por teléfono, su voz llena de ternura... pero no para mí. "Sofía es solo una niña mimada y vulgar", confesó. "Camila es un ángel". El desprecio en su tono fue un golpe físico. Él había amado a mi hermanastra, mi supuesto "ángel", durante años, confundiéndola con la chica que salvó un quetzal. Desde ese instante, su devoción a Camila fue humillación constante. En una subasta, usó la fortuna de su padre para comprar todos los lotes para Camila, aplastándome públicamente. Días después, cuando un perro salvaje me atacó, él la protegió a ella primero. Mi pierna sangraba en el suelo mientras él consolaba a Camila. No satisfecho, para vengar la "marca" que le dejé, él orquestó una brutal golpiza: noventa y nueve latigazos que casi me matan. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo fui tan ciega? Mi dolor ardía. La amarga verdad me golpeó: Mi madre no murió de "complicaciones"; Camila la envenenó lentamente. Y yo, un mero estorbo. Fue entonces cuando lo decidí. Durante mi partida hacia un matrimonio arreglado en España, me aseguré de que él escuchara la verdad de los labios de su "ángel": "Alejandro es un perro faldero, un idiota útil". Mi escape a la libertad era solo el principio de su despertar y de mi silenciosa venganza.”
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