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Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo

Capítulo 2 

Palabras:431    |    Actualizado en: 20/06/2025

dro me esperaba junto al coch

lo

," dije, mi voz u

dió, solo ab

jandro y yo en una fiesta, un año atrás. Yo sonreía a la cámara

la de esta noche," le informé, s

cómo sus manos se tensaba

fue su únic

upe. Iría

yo habría intentado llenar el silenc

pleado. Y yo, su jefa

rovisor un par de veces. Probabl

ue se e

co. Vi a Camila a lo lejos, rodeada de gente, luciendo

la miel envenenada. Se acercó y me dio un abra

apa

mil

cia Alejandro, su

or traer a mi hermana

pondió él, y noté un matiz de calid

ntí e

equeño boceto de Remedios Varo. Mi madre lo adoraba. Er

de un millón de pesos,

é mi p

ijo una voz clara

miraba con una

es," dije, m

spondió ella

ectáculo. La hermanastra rica c

mesa, me lanzaba mi

ndo el dinero que pronto sería mío, un asistente

bre ca

en nombre de la señorita Camila Reyes, ha decidido comprar todos los lo

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Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo
Mi Guardaespaldas, Mi Verdugo
“Durante tres años, amé en silencio a mi guardaespaldas, Alejandro. Él era mi roca inquebrantable, la única figura constante en mi solitaria vida tras la muerte de mi madre. Intenté de todo, pero siempre mantuvo un muro de profesionalismo. Una noche, mi mundo se desmoronó. Lo escuché hablar por teléfono, su voz llena de ternura... pero no para mí. "Sofía es solo una niña mimada y vulgar", confesó. "Camila es un ángel". El desprecio en su tono fue un golpe físico. Él había amado a mi hermanastra, mi supuesto "ángel", durante años, confundiéndola con la chica que salvó un quetzal. Desde ese instante, su devoción a Camila fue humillación constante. En una subasta, usó la fortuna de su padre para comprar todos los lotes para Camila, aplastándome públicamente. Días después, cuando un perro salvaje me atacó, él la protegió a ella primero. Mi pierna sangraba en el suelo mientras él consolaba a Camila. No satisfecho, para vengar la "marca" que le dejé, él orquestó una brutal golpiza: noventa y nueve latigazos que casi me matan. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo fui tan ciega? Mi dolor ardía. La amarga verdad me golpeó: Mi madre no murió de "complicaciones"; Camila la envenenó lentamente. Y yo, un mero estorbo. Fue entonces cuando lo decidí. Durante mi partida hacia un matrimonio arreglado en España, me aseguré de que él escuchara la verdad de los labios de su "ángel": "Alejandro es un perro faldero, un idiota útil". Mi escape a la libertad era solo el principio de su despertar y de mi silenciosa venganza.”
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