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La Jaula de Oro y el Veneno Silencioso

Capítulo 3 

Palabras:421    |    Actualizado en: 20/06/2025

s días. El tiempo no e

puerta se abrió

lección, Isa?" s

miró, sus o

te, una conformi

la semilla de la

ión era abono

nistrar el "ve

la comida de Ricar

propia. Un pa

tentó "com

oyas, vest

" dijo, con una sonrisa

sa. Volvamos a

ero pudiera bo

os regalos con

servía

an muertos. Su a

"Quiero a

el ceño. "No emp

una gala benéfica, o

en el escenario

rapos, su maqu

en gritaba: "¡Subasta!

helada. Ella no

trás de esta hum

estaba c

ra parte

era silenc

espectácul

do transparente, revel

aba, algunos re

ra tenso, car

ña mezcla de repulsión y

probando su p

ió al escena

la de ah

o angustia. "¡Fue Isabe

icardo, busca

ón digna de

abrazó, c

bela, sus ojos er

esto, Isabela

evo, sin pruebas

ella era un

negar con la cab

, pero solo un susurro aho

la escuchó,

e rabia, manip

era un nudo

, la humillación

axaca aparecieron en todos lo

pescado, con rop

lonaria y su p

ruel, diseñado p

fía estaba d

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La Jaula de Oro y el Veneno Silencioso
La Jaula de Oro y el Veneno Silencioso
“Isabela Vargas, una joven muda de un pueblo costero de Oaxaca, vivía en una jaula de oro. Casada con el poderoso Ricardo Montenegro, su vida era un lujo vacío, una prisión sin barrotes. Pero un día, el velo de la opulencia se rasgó con un acto de crueldad inimaginable. Ricardo, enloquecido por la desaparición de su amante Sofía, ató a mis padres en la playa, con el agua subiendo peligrosamente. Exigió que revelara el paradero de Sofía, o ellos pagarían el precio. Mi mudez, una tortura adicional, se convirtió en la mordaza de mi angustia más profunda. Observé, inmovilizada por el terror, cómo sus hombres empujaban las cabezas de mis padres bajo el agua. Un grito ahogado murió en mi garganta, mientras el mundo entero de desvanecía. Mis padres. Muertos. Por mi culpa, resonaba en mi mente. El dolor era tan inconmensurable que me consumía, un fuego invisible que mi silencio amplificaba sin piedad. ¿Cómo podía el hombre que juró amarme ser mi carcelero, mi torturador, culpándome de una tragedia que él mismo orquestó? De ese abismo helado y esa agonía silenciosa, nació una nueva Isabela. Con un único y sombrío propósito: venganza. Busqué a Elena Cruz, mi amiga química, y en un cuaderno escribí una nota firme: "Necesito un veneno. Indetectable. Para él. Y para mí."”
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