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La Dignidad no se Vende

Capítulo 3 

Palabras:648    |    Actualizado en: 19/06/2025

tes fueron una t

aciones de afecto, pero ahora

s de Carmen. Me llevaba a restau

us celos, una forma de man

ando desde la distancia có

ctadora involuntaria de una

constante para Carmen de que Ricardo podía

su tablero, y a

n. Ricardo intentaba hablarme d

su móvil son

sonaba angustiada, cas

tienes que venir.

alles. Sol

Dejó caer los pla

sa? ¿Est

ogió las llaves del co

ra para mí. S

l salón, con la palabra "emer

su rostro había sid

aba la constatació

e fue, empecé a

egalos suyos, objetos que ah

señador, las joyas

arar a bolsa

e recordara a él, a

traído de Sevilla, mis libro

ela, reparado pero co

, un desprendimiento d

era un lazo que cortaba

edor del l

salvar a mi familia y, tontamente, con

r, pero sí re

os, pero también hum

nes de futuro, todo se había teñi

una vida, pero me había ro

idad, la

la amarga aceptac

abía terminado, y el

ente, Ricardo reg

reina inspeccionando

mueble de diseño italiano que Ricardo había ele

oderna. Necesitamos algo con más

o a su asistente para to

iéndose a la que yo ocupaba, "la convertiremos e

nte, Carmen borraba cualqu

empaquetado, un jarrón con flores secas, un li

u sumisión a los capric

e el umbral de la puer

l espacio, tocándolo

al ver cómo mi pequeño refu

, también sentí un

ía libre de esa jaula dora

da cambio que ordenaba, era

estaba empujando hac

a deseando

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La Dignidad no se Vende
La Dignidad no se Vende
“Mi casa en Triana, que olía a jazmín y a melancolía, estaba a punto de perderse. Con solo dieciocho años y un título de diseño recién empezado, sentí el peso de las deudas de mi padre muerto. La oferta llegó como un salvavidas: acompañar a Ricardo Vargas, un constructor poderoso y enigmático. El "acuerdo" era claro: él salvaría mi hogar, yo sería su compañera discreta. Casi creí que el dinero me había traído un amor inesperado, confundiendo su opulencia con cariño, su posesividad con protección. Pero entonces, apareció Carmen Sandoval, su exnovia. Me citó en un hotel de lujo y, con desprecio, me ofreció tres millones de euros para desaparecer. Ella era su "costumbre favorita", y yo, solo un insecto. Para probarlo, hicimos una cruel prueba con mensajes a Ricardo. El suyo fue respondido con preocupación, el mío, con un frío "Espero no sea grave. Estoy ocupado". Ella sonrió. "¿Ves? No eres nada para él". Me reveló que todos los gestos grandiosos de Ricardo -los jazmines, Noruega- eran réplicas de lo que había hecho por ella. Solo era una sustituta, un eco. La indignidad se volvió insoportable. Un día, Carmen rompió el broche de mi abuela y me acusó de agredirla. Ricardo, sin dudarlo, me encerró en el sótano frío y húmedo, donde casi muero de frío. La humillación final llegó cuando, en una fiesta, él volvió a negarme públicamente. Me trató como un objeto, un insignificante estorbo para el juego de sus celos. ¿Cómo pude ser tan ciega, tan ingenua? El dolor era insoportable, la traición palpable. Me había vendido por una falsa seguridad, por un puñado de billetes. ¿Era mi dignidad el precio? ¿O algo más valioso aún? Pero al despertar del delirio, solo quedó una determinación fría. ¡No más! Era hora de despertar. Con los tres millones de euros de Carmen y una beca para Roma, cortaría todas las ataduras. Mi propio cuento de hadas no necesitaba un príncipe tóxico. Estaba lista para mi verdadera vida.”
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