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La Dignidad no se Vende

Capítulo 2 

Palabras:1172    |    Actualizado en: 19/06/2025

para el día del cu

cto simbóli

eto, había estado dise

lle Serrano, de los de toda

na ilusión, un sueño q

quisita, el co

do, sintiendo el f

lo metí en una bolsa y lo dejé j

. Alguien que no fuera un r

arde, Ricar

apa, vamo

cuerdo seguía vigente, al

donde las puertas solo se abren para

unos conocidos en la barra,

nversación de un grupo c

'sevillanita'?" dijo uno, con sorna. "Aho

Carmen es mucha Carmen.

e ibas a verla a Londres en secreto

la sangre s

ellos, les dio una p

istante. "Yo me enc

siquiera negó sus

a una brasa ardie

. El silencio en

orpresa fue mayúscula

. Como si fu

sorprendido. Debí

melosa que me revolvió el estómago,

r el salón,

pusiste," dijo, mirándome con d

ido con ilusión, pintados a mano, un

s en la terraza," continuó

a, demasiado sosas. Quiero

todo. "Lo que tú

mis pequeños toques personales en ese l

ón, o lo que había

allí. Sentad

on algo entr

de plata que me había legado mi

n, mirándolo con asco. "No sé c

rcó a mí. Su mirad

"Pídeme perdón por inte

mo vestigio de or

anchó. "Entonces, este c

la concurrida calle Ortega y Gasset

erdad? Pero a

a lo único que me quedaba de m

llate,"

mas de rabia e impoten

ltó una c

o tarde,

ó el b

intentando agarrarlo al

o. Hubo un forceje

s, sus tacones resbalar

ta escalera de mármol que unía el do

gri

orriendo, alert

elo, gimiendo, y a mí

uería matarme!" grit

Sus ojos eran dos

atreves a tocarla?"

plicar. No qu

hombres corpulentos a

bodega. Que se

odega del edificio era un

erraro

e frío, sino de mie

pero allí estaba. Debí recogerlo instintivam

té con

e sollozos, "me equivo

puerta de la bodega s

do reparar. La filigrana estaba uni

asado. Como si encerrarme en

rendido la lección,"

o. Solo un vacío inmenso

prendentemente firme. "Nuestro a

la sorpresa, luego por la

ridícul

ento, su móvil s

reserva en ese restaurante con est

ego al teléfono. La

se fue, dejándome sola

i móvil empezó

, comiendo churros, dejando migas en la tapicería

gas en Extremadura. Él, presentándola a sus pad

", una posesión temporal. Ella era la mujer a

tiguos compañeros de diseño era e

na forma de despedirme de

nos amigos cuando sentí u

armen, aferrada a su br

uedaron mudos. La t

o curso, conocidos por

na, le preguntó a Ricardo: "¿Conoce

s se clavaron

brazo de Ricardo y le preguntó con fingida

. Luego, su rostro se volvió

a Carmen, para mant

clara y cortante.

humillación fue total

ble. Menos

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La Dignidad no se Vende
La Dignidad no se Vende
“Mi casa en Triana, que olía a jazmín y a melancolía, estaba a punto de perderse. Con solo dieciocho años y un título de diseño recién empezado, sentí el peso de las deudas de mi padre muerto. La oferta llegó como un salvavidas: acompañar a Ricardo Vargas, un constructor poderoso y enigmático. El "acuerdo" era claro: él salvaría mi hogar, yo sería su compañera discreta. Casi creí que el dinero me había traído un amor inesperado, confundiendo su opulencia con cariño, su posesividad con protección. Pero entonces, apareció Carmen Sandoval, su exnovia. Me citó en un hotel de lujo y, con desprecio, me ofreció tres millones de euros para desaparecer. Ella era su "costumbre favorita", y yo, solo un insecto. Para probarlo, hicimos una cruel prueba con mensajes a Ricardo. El suyo fue respondido con preocupación, el mío, con un frío "Espero no sea grave. Estoy ocupado". Ella sonrió. "¿Ves? No eres nada para él". Me reveló que todos los gestos grandiosos de Ricardo -los jazmines, Noruega- eran réplicas de lo que había hecho por ella. Solo era una sustituta, un eco. La indignidad se volvió insoportable. Un día, Carmen rompió el broche de mi abuela y me acusó de agredirla. Ricardo, sin dudarlo, me encerró en el sótano frío y húmedo, donde casi muero de frío. La humillación final llegó cuando, en una fiesta, él volvió a negarme públicamente. Me trató como un objeto, un insignificante estorbo para el juego de sus celos. ¿Cómo pude ser tan ciega, tan ingenua? El dolor era insoportable, la traición palpable. Me había vendido por una falsa seguridad, por un puñado de billetes. ¿Era mi dignidad el precio? ¿O algo más valioso aún? Pero al despertar del delirio, solo quedó una determinación fría. ¡No más! Era hora de despertar. Con los tres millones de euros de Carmen y una beca para Roma, cortaría todas las ataduras. Mi propio cuento de hadas no necesitaba un príncipe tóxico. Estaba lista para mi verdadera vida.”
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