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ACUERDOS DE PLACER

Capítulo 5 A Escondidas

Palabras:1135    |    Actualizado en: 29/03/2025

rradura, sus manos temblorosas por la risa contenida. Alejandro, detrás de ella, no ayudaba precisamente

fallando por tercera vez en su intento de

as delatoras. Victoria miró nerviosa hacia el apartamento de la señora Martín

ando a Victoria dentro mientras hacía malabares con las bolsas restantes. Una vez dentro, se queda

-preguntó Victoria, pegada

ados exclusivamente a espiar compras de lenc

un manotazo jugu

iero a... ya sab

Carla estaba en clase de Derecho Mercantil a esa hora. Victoria sacó uno

do la prenda en alto-. "Mamá, ¿desde cuándo usas ropa inter

ma, hundiendo la cara en una al

eatro benéfica -sugirió, levantando la cabez

dose caer junto a él en la cama. Las bolsas cruji

ia, incorporándose-. Aunque, pensándolo bien, ¿dónde se supone que voy a esconder todo e

de un salto, adoptand

en mi armario? Nadie sospecharía jamás que el restaurantero má

rodando los ojos mientras doblaba cuidadosamente un conjunto de seda

ad llenó la habitación, mezclándose con el frufrú de la seda y el encaje, mientras guardaban su pequeño te

puertas del armario-. Que todo esto empezó como una locura temporal, y a

rcó y le dio un

ondió, guiñándole un ojo-. Además, ¿quién dice que la

o se congelaron en medio de la habitación, ella con un liguero de encaje colgando precariamente de un d

urró Alejandro, moviéndose en cír

platos de postre. Durante un segundo eterno, ambos ejecutaron una especie de danza caótica, chocando

nk,

el ritmo familiar: introducción de llave (siempre en el segundo intento, porque Carla invariablemente probaba primero con la l

HUM

a que Carla había perfeccionado a lo largo de años de batalla contra la ce

sin sonido, como si estuviera

erada-. ¿Y qué te dio la pista? ¿El golpe de cadera ma

ana y del suspiro de "el profesor no ha subido las notas") se coló por debajo de la puerta,

ida. Él todavía tenía la media colgando de la oreja, un detalle que en cualquier otro momento habría provocado

pletamente ajena al caos que había provocado su llegada-. ¡La cla

en una operación de alto riesgo, mientras él intentaba, sin éxito, parecer un adu

. En un último acto de desesperación, Victoria empujó a Alejandro hacia el armario, junto con la evide

casual apoyada contra el armario como si fuera su postura habitual de descanso-. ¿Por qu

amplia-. ¡Estaba practicando yoga! Ya sabes, respi

echosamente parecido a una risa ahogada se me

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