ACUERDOS DE PLACER
iraba sofisticación y años de complicidad matrimonial. Los rayos dorados se deslizaban suavemente, dibujando sombras largas y sinuosas que pare
scuro, habitualmente rebelde, estaba recogido en un moño impecable que revelaba la precisión y el control que la caracterizaban en su
orias: nerviosismo y expectación se entrelazaban en su mirada, como dos corrientes que luchaban por imponerse. El nerviosismo era un temblor casi imperceptible, com
gancia y un toque de sensualidad discreta. Sus mejillas, ligeramente sonrosadas por la anticipación, contra
iudad a sus pies seguía su ritmo habitual, ignorando por completo la revolución personal que estaba a punto de desatarse entr
revelaba incluso bajo el traje a medida que parecía haber sido diseñado específicamente para su cuerpo. Cada línea del traje seguía el contorno de sus músculos definidos: los h
ofeo, y cada movimiento mínimo revelaba la elasticidad contenida de sus músculos. No era un cuerpo de gimnasio artificial, sino la obra d
En ellos danzaba una picardía casi tangible, como si guardara un secreto deliciosamente travieso. No era una picardía ingenua o juvenile, sino la de un
sus ojos. Era una sonrisa que hablaba de desafíos, de límites por romper, de aventuras por descub
ersión y la sensualidad de un amante anticipando el primer contacto. Cada parpadeo era un g
que ha decidido reescribir las reglas de su propia existencia, que mira más allá de lo establ
e, pero firme-, ¿estás segur
reflejo de la tormenta de emociones que la sacudía por dentro. Sus manos, que habían tallado obras maestras culinarias y levantado copas de rec
ante un desafío que ningún concurso internacional había preparado. Sus múltiples galardones no