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El amor en la sociedad rusa de finales del siglo XX

Capítulo 8 Capitulo 8

Palabras:2651    |    Actualizado en: 18/05/2023

rsburgo para esperar a su madre, y a la primera persona que halló en la escalinata del e

señor! –gritó Oblons

s cuando encontraban a Oblonsky. Y, tras estrecha

las dos. ¿Adónde fuiste

radablemente el tiempo con ellos que no

nes enamorados por los ojos –declamó Esteban Ark

ando el hecho, pero cambió

a quién

jer muy bonita

Ho

spero a mi hermana Ana. –¡Ah,

con

.. – contestó Vronsky distraídamente, relacionando vagamen

célebre cuñado Alexis Alejandro

de vista... Sé que es mu

omprenderás que él y yo n

not in my line

r, pero es una excelente persona –comentó E

¡Ah, estás ahí! –dijo, dirigiéndose al alto

erimentaba por Oblonsky, venía sintiendo una atracción especial

ngo la cena en honor de esa «diva»

asistentes. ¿Conociste ayer a mi amigo

se fue muy pronto

mpático –continuó Oblo

ó–, hallo cierta brusquedad... Siempre están enojados, sublevados con

ad! –exclamó Oblonsk

onsky a un empleado. –Ya ha salido de

speraban a los viajeros. Entre nubes de helado vapor se distinguían las figuras de los ferroviarios, con sus toscos abrigos de piel y

gradable a veces. Pero con frecuencia resulta muy simpático. Es una naturaleza recta y honrada y tiene un corazón de oro. Mas ayer tenía motivos particulares – continuó con significativa sonrisa, ol

tuvo y pregun

ue se declaró aye

así. Pero si se fue pronto y estaba de mal humor, es q

pirar a algo mejor–dijo Vronsky. Y empe

prefieren dirigirse a las... Allí, si fracasas, sólo significa que no tienes dinero. ¡En

del frío, y moviendo lentamente el émbolo de la rueda central. El maquinista, cubierto de escarcha, arropadísimo, saludaba a un lado y

os: un oficial de la guardia, muy estirado, que miraba con altanería en torno suyo; un joven comercian

idó de su madre por completo. Lo que acaba de saber de Kitty le emocionó y a

aquel departamento ––dijo e

sus pensamientos, haciéndole recorda

on las ideas del ambiente en que se movía, no podía tratarla sino de un modo en sumo grado r

n vagón y se paró a la entrada del dep

er, con su experiencia de hombre de mundo, qu

no sólo porque era muy bella, no sólo por la elegancia y la gracia sencillas que emanaban de su figur

desviaron, mirando a la multitud, como buscando a alguien. En aquella breve mirada, Vronsky tuvo tiempo de observar la reprimida vivacidad que iluminaba el rostro y los ojos de aquella mujer y la c

frunció levemente las cejas al ver a su hijo y sonrió con sus delgados labios. Se levantó del asiento, entregó a la

grama? ¿Cómo estás? ¿B

ando involuntariamente el oído a la voz femenina que sonaba tras l

dama. –Es un punto de vista muy petersburgués, señ

ítame besar

ire a ver si anda por ahí

volvió al

a su hermano? –pr

ky recordó que aquella

ero no la había reconocido. Además, nuestro encuentro fue t

de usted su madre y yo. ¡Y mi hermano sin venir! – exclamó, dejan

ciana condesa. Vronsky, salt

onsky

ue sorprendió a Vronsky por su gracia y firmeza, le enlazó con el brazo izquierdo y, atrayéndole hacia sí, le besó. Vronsky la m

ido la instaló conmigo y me alegré, porque hemos venido hablando todo el viaje. Me

qué se refiere

e nuevo para desped

y yo a mi hermano. Me alegro, porque yo había agotado todo

ndole la mano–. Es usted una mujer tan simpática que resulta igualmente agradable hablarle

n pie, muy erguida,

ya– tiene un hijo de ocho años, del

blado mucho, cada una de nues

sta vez dirigida a Vrons

–dijo él, cogiendo al vuelo la pelo

iso continuar la conve

la anciana Co

ayer se me pasó sin darme cue

besar su lindo rostro. Le digo, con toda la franqueza de

zó e, inclinándose ligeramente, presentó el rostro a los labios de la Condesa. En seguida

como de algo muy importante del enérgi

o, lo que no dejaba de sorprende

pática –dij

sa desapareció de sus labios. Por la ventanilla vio cómo Ana se acercaba a su hermano, ponía su brazo bajo el de él y com

salud, mamá? –dijo d

ado muy amable. María se ha puesto mu

al había ido expresamente a San Petersburgo, refiriéndose a la e

ijo Vronsky, mirando po

ui

a Condesa entró anunciando que todo

ay poca gente para

brazo a su madre. Pero al ir a salir vieron que la gente corría asustada de un lado a otro. Cruzó también el jefe de esta

Por dónde se tiró

eron también hacia atrás con rostros a

sky y Esteban Arkadievich siguieron a la

iado arropado a causa del frío, no había oído retro

olvieran, las señoras conocían ya

destrozado del infeliz. Oblonsky hac

ble, Ana! ¡Si lo hub

moso rostro, aunque gra

su mujer estaba allí! ¡Era terrible! Se precipitó sobre el cadáver. Al

r ella? –preguntó la Kareni

iró y salió

mamá –dijo desd

a sosegadamente con la Condesa de la cantante de moda mientras l

ya–dijo

delante, con su madre. Ana Kar

fe de la estación

ntos rublos –dijo–. ¿Quiere hacer e

encogiéndose de hombros–. No veo

adió, apretando la mano de su hermana–: Es un b

honor de

hermana, esperando que l

tación, el coche de los

a hablando aún

e –decía un señor–. Parece

ha sido la mejor, puesto que h

no notó con asombro que le temblaban los lab

guntó, cuando hubieron r

presagio –r

Lo importante es que hayas llegado ya. ¡No sa

ho? –preguntó Ana. –Sí... ¿Ya sabe

se alejar algo que la molestara físicamente–: Ahora hablemos de ti. Ocupémon

ontestó Esteban Arkadievi

casa ayudó a bajar del coche a su hermana, susp

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