/0/23859/coverorgin.jpg?v=01a07c648972bcc01df649a58a06ba0c&imageMogr2/format/webp)
Jayda Wright procuró contener las lágrimas cuando la junta directiva anunció que sería socia de uno de los bufetes de abogados más importantes de los Estados Unidos, Saunders and Co.
Después de tanto esfuerzo, era una merecida recompensa. Jayda había aspirado a esa posición desde que se inició como pasante en la empresa, trabajó duro cada día para mostrar su valía y había dejado relegado los demás aspectos de su vida para centrarse en una única cosa: su trabajo.
A los 29 años, era el miembro más joven de la cúpula directiva de Saunders and Co y la primera mujer en ocupar ese puesto.
Sin duda alguna, ser socia de una empresa tan importante no sería pan comido, pero ella era una mujer trabajadora y lograría sobresalir a pesar de todo.
Además de las responsabilidades que conllevaba su ascenso, también poseería una participación importante en la empresa y su salario, así como los demás beneficios, se verían incrementados. Por fin, una oficina llevaría su nombre grabado en la puerta y tendría mucha más influencia a partir de ahora. ¡Era un sueño hecho realidad para ella!
"Muchas gracias por su confianza, señor Tucker, prometo que no lo defraudaré", le dijo al presidente de la firma, quien tendría unos 50 años, era alto, de contextura media y cabello negro.
"Has trabajado muy duro, nadie merecía este puesto tanto como tú. Casi no has perdido un caso desde que estás trabajando para nosotros y tu éxito ha brindado renombre a la compañía; de corazón, te deseo todo lo mejor en esta nueva etapa de tu carrera y espero que no nos decepciones porque te has ganado la admiración de todos", añadió el señor Tucker.
"No se preocupe, señor, le prometo que ahora trabajaré más que nunca por esta empresa", aseguró ella.
Los demás socios se acercaron para felicitarla también y brindaron en su honor mientras conversaban entre ellos.
Tan pronto como pudo escapar del tumulto de la sala de conferencias, Jayda fue a su oficina, de la cual se mudaría pronto, y sacó su iPhone de la cartera para llamar a su mejor amiga, Lilian.
"¿A que no sabes lo que acaba de pasar, Lily?", preguntó con emoción tan pronto como la chica atendió su llamada.
"¿Qué? ¿Te acabas de acostar con alguien?", bromeó Lilian y Jayda enseguida puso los ojos en blanco.
"¡Oh, vamos, no digas tonterías! Por supuesto que no es eso, ¡me ascendieron!".
"¡Oh! ¡Dios mío! ¿Ahora eres socia?", gritó la chica al otro lado de la línea.
"¡Así es, nena! ¡Jayda Wright ahora es socia oficial de Saunders and Co!".
"Felicitaciones, mi amor, has trabajado duro para conseguir esto, realmente lo mereces".
"Gracias", respondió Jayda con una sonrisa.
"¡Deberías ir a celebrarlo esta noche! Lástima que esté ocupada con el diseño de unos vestidos y no pueda acompañarte... No sé si sabes, pero el desfile de moda es mañana".
"Descuida, puedo esperarme hasta mañana y salimos un rato después del desfile, hoy quizás salga con Zach por ahí".
"¡Hazlo! Y asegúrate de echar un buen polvo esta noche, ¿vale? Nadie sabe cuándo volverás a tener tiempo para esas cosas ahora que eres socia del bufete".
Con una risita y las mejillas algo sonrojadas, Jayda respondió: "Oh, qué mente tan sucia tienes, Bueno, entonces nos vemos mañana en la noche en mi casa, ¿te parece?".
"Claro, nena. Felicidades una vez más", añadió Lilian antes de colgar.
Acto seguido, Jayda quiso llamar a su novio para informarle las buenas nuevas sobre su ascenso y para ver si salían esa noche, pero él no le contestó aunque lo intentó un par de veces.
Dejando a un lado ese asunto, decidió acomodar las cosas de su oficina para la mudanza del lunes y, cuando terminó, agarró su cartera y su computadora portátil, y salió del edificio hacia su auto.
No obstante, antes de encender el motor, llamó a un restaurante y ordenó suficiente comida para que ella y Zach pudieran pasar la noche celebrando.
Al llegar a casa, Jayda llamó a sus padres para darles la buena noticia y luego se dio un baño para ir al apartamento de su novio.
Aunque normalmente se vestía muy profesionalmente para ir a los tribunales y a la oficina, esa noche decidió arriesgarse un poco, así que optó por un vestido ceñido y un par de tacones. En su bolso de mano metió el teléfono, la llave de acceso, su tarjeta y algo de dinero en efectivo, luego fue a la cocina y seleccionó la botella de vino favorita de Zachery.
Su primera parada la hizo en el restaurante para recoger su pedido y luego fue directamente al apartamento de su novio para sorprenderlo. Últimamente había estado tan concentrada en el trabajo que casi no había tenido tiempo para Zachary y eso la hizo sentir un tanto culpable.
Dejando escapar un suspiro, presionó el timbre y esperó a que él le abriera.
"Oye...", murmuró Jayda con una sonrisa cuando Zach le abrió la puerta, pero enseguida su expresión se tensó al ver la seriedad en el rostro de su novio. Él parecía fastidiado con su presencia, como si no quisiera que ella estuviera allí y estuviera esperando que se fuera cuanto antes.
"¿Qué estás haciendo aquí? ¿No tienes trabajo pendiente?", se burló.
"Ehm... Siento si...", quiso responder ella, pero se contuvo a mitad de la oración.
"¿A qué has venido?", insistió Zach.
"Me ascendieron como socia del bufete y pensaba que podríamos celebrar esta noche; mira, he traído comida y algo para beber", explicó mientras sostenía en alto la bolsa en sus manos.
"Bueno, por fin lo lograste. Era de esperarse porque nada te importa más que el trabajo, ¿no es así? ¡Felicidades entonces!".
"¿Por qué hablas así?", preguntó Jayda, adolorida.
"¿Sabes cuántas citas me cancelaste porque estabas 'ocupada con el trabajo'? O si aparecías, entonces lo único de lo que hablabas era de tus casos o lo que había sucedido en la oficina, no hemos hablado de nosotros en meses. Por el amor de Dios, Jayda, eres mi novia, pero pareciera que no lo fueras. Quizás simplemente no estemos hechos para estar con el otro y debamos tomar caminos separados".
"Por favor Zach, no rompas conmigo ahora, cambiaré lo que tenga que cambiar para hacer funcionar esto", suplicó Jayda, tratando de contener las lágrimas.
/0/3902/coverorgin.jpg?v=7d5096672bc4a66ee132db0bc0da215e&imageMogr2/format/webp)
/0/7061/coverorgin.jpg?v=12bfeff40b130a30a070d52db2a95719&imageMogr2/format/webp)
/0/17087/coverorgin.jpg?v=f4c2088682bc78428ddf0a0e09ac54f8&imageMogr2/format/webp)
/0/13684/coverorgin.jpg?v=c040cd44b22e9d2eb79f721971f90b7e&imageMogr2/format/webp)
/0/9066/coverorgin.jpg?v=e4ab07a2564574856553fdf381257911&imageMogr2/format/webp)
/0/10803/coverorgin.jpg?v=9631c397f17d6c586b57bfc57889ab68&imageMogr2/format/webp)
/0/11759/coverorgin.jpg?v=4fd47a1aba8b13d4ab060e5a5aa576fe&imageMogr2/format/webp)
/0/4787/coverorgin.jpg?v=375364dfa72fc06bd302b16992dc785d&imageMogr2/format/webp)
/0/5996/coverorgin.jpg?v=6c7e122ee6763ffb3b581759fe55481b&imageMogr2/format/webp)
/0/18378/coverorgin.jpg?v=8b465674e0b7f8a7897e53e986afeac7&imageMogr2/format/webp)
/0/9408/coverorgin.jpg?v=1926570bfdd87ca741cf4dbdbf410982&imageMogr2/format/webp)
/0/10384/coverorgin.jpg?v=a7495819043ce61fef607cadd92d17af&imageMogr2/format/webp)
/0/11296/coverorgin.jpg?v=f6252530a7106304482d5d3ee890be95&imageMogr2/format/webp)
/0/7149/coverorgin.jpg?v=8e727785f4860d384e9c048312582867&imageMogr2/format/webp)
/0/23549/coverorgin.jpg?v=1cec9b94977298eef216abc3458e9762&imageMogr2/format/webp)
/0/17100/coverorgin.jpg?v=d7063d578a74960ddced92d7e3b9f6ac&imageMogr2/format/webp)
/0/358/coverorgin.jpg?v=d536e7462c6dcbc9dd703b43e940ffbd&imageMogr2/format/webp)
/0/8260/coverorgin.jpg?v=286b56a0a6fd2797a1abf78dde0fc409&imageMogr2/format/webp)