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Serás mía.
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Capítulo

Él siempre se caracterizó por ser un hombre soberbio que consigue todo lo que quiere mediante el sexo. Se siente un macho alfa y sabe que todas lo desean y se mueren por estar en su cama y usa esa devoción para conseguir de ellas todo lo que desea, pero con ella las cosas serán diferentes. Se odiaron tan pronto sus ojos hicieron contacto en aquella fiesta, donde se conocieron, pero ella tenía algo que nunca imaginó que despertaría una obsesión en él y que haría lo que sea para conseguir lo que busca: ser el primero en su cama; pero ella no le hará las cosas fáciles y quien terminara arrodillado a su voluntad será él.  

Capítulo 1
¡Soy un macho alfa!

El fin justifica los medios.

Una frase que por años e incluso décadas no se ha cansado de oír y define perfectamente su vida.

Muchas mujeres han pasado por ella, precisamente él ha sido quien ha pasado por sus camas, han sido tantas que ya ha perdido la cuenta, pero de todas ha logrado lo que quería y no es que no sepan que es un hombre interesado, porque la retribución es mutua. Les da sexo rudo y salvaje, el mejor polvo que en sus malditas vida podrán tener y a cambio él recibe de ellas lo que desea.

Francamente no es pretencioso en cuanto a gustos, mientras que tengan lo que busca, no le importa su físico, su religión e incluso su edad. Se cree el hombre que todas desean, se siente la última gota de agua en el desierto de hecho él tiene un lema que define perfectamente su arrogancia, ambición, narcisismo y superioridad.

“¡Soy un macho alfa!, todas me desean, todas se mueren por tenerme en su cama y por eso tengo un precio. “

Con solo 25 años de edad, tiene mucho más de lo que cualquier persona de clase media puede conseguir en diez vidas, él lo ha conseguido en un abrir y cerrar de ojos, o bien en un abrir y cerrar bragueta.

Para muchos su estilo de vida es repugnante, para él lo es todo. Su cuerpo es el pasaporte a todo lo que alguna vez ha deseado. Tiene un piso en uno de los barrios más caros de de Buenos Aires, en Puerto Madero, tres autos de colección importados y su ultima adquisición, un yate valuado en cientos de miles de dólares, con que ha remunerado sus servicios una cuarentona muy reconocida en el ámbito político, quien no sólo lo ha iniciado sino que se ha vuelto su favorito desde hace cuatro años.

Dante puede tener todo lo que se propone en un segundo ya que, si lo ve y le gusta, lo quiere. Y sabe que, si se le ofrecen, si le ponen un precio por acostarse con él, lo tiene sin ningún problema. También tiene una abultada cuenta bancaria de la que ha perdido cuenta del monto exacto que hay hace mucho y aun así, le siguen lloviendo los activos. No puede negar que es el mejor en lo que hace y por eso, siempre tiene quien pague sus caprichos.

Sentado en la barra del The clímax, luego de haber tenido sexo sadomasoquista con una cuarentona que ni se molestó en preguntarle su nombre disfruta de un trago cuando se le acerca una señora de la misma edad que la anterior y luego de intercambiar unas palabras y escuchar una ostentosa cantidad de dinero por ser parte de los juegos sexuales que tiene junto a su esposo se decide a seguirla directo a uno de los reservados.

En cuanto llegaron, la mujer le susurra algo al oído a su esposo y este le solicita su cbu, para realizar la transferencia bancaria. Al cabo de unos segundos, el teléfono celular le avisa que a su cuenta bancaria se realizó un deposito por una suma de 30000$ y luego de verificarlo ingresando a su home banking sonríe victorioso.

1- Porque al igual que él, el hombre ha filtrado su aparato telefónico, o como el lo considera al propio “contacto de trabajo” para ingresarlos en el club.

2- Porque ahora sí, comienza su retribución.

— Estoy a sus órdenes.— le informa con una gran sonrisa.

— Desnuda a mi esposa.— dicho esto, toma asiento y enciende un cigarro.

Se ubica frente a ella y lentamente comienza a quitarle la prenda superior, pero en cuanto desabrocha el segundo botón, él marido lo detiene.

— Así no. Arráncale la ropa. Quiero que seas agresivo al hacerlo.— escuchar aquello hace que se excite, pero aun su pene se mantiene en su lugar.

De un solo movimiento le arranca la camisa haciendo que los pequeños botones vuelen para todas partes en la habitación. Busca desesperado el cierre de su falda y con un ágil y violento movimiento logra romper la tela y que esta se deslice por sus piernas. Mira aquel hombre que los observa con detenimiento, buscando en sus ojos la aprobación para continuar y se dispone a arrancarle el sostén, para luego hacer lo mismo con sus bragas.

— Deliciosa.— lo escucha decir, acto seguido le ordena empujarla a la cama. —abre sus piernas lávala y juega con ella.

Su marido le entrega una pequeña toalla de mano y un pequeño recipiente con agua y con la ayuda de sus dedos, Esteban separa sus labios y vierte el frío liquido en ella, la lava bien para luego disponerse a buscar con su lengua su clítoris y comenzar a acariciarlo con gran rapidez.

— Ahhh— jadea y clava sus uñas en sus hombros.

Les gusta…

Se divierten.

Continúa deleitándose con su punto sensible cuando introduce en su vagina su dedo índice y a pesar que la mayoría realiza un desplazamiento hacia dentro y hacia afuera intentando generar placer a su acompañante, ha descubierto que con un movimiento continuo sin sacar el dedo del interior de su vaginal, puede generarles una respuesta física.

—Ohh dios.— exclama en cuanto siente como su yema acaricia su interior a la altura donde se encuentra el clítoris.

Mantiene la intensidad de las caricias en su zona intima y añade pequeños mordisqueos en su pedacito de carne que siente hincharse en su lengua y palpitar.

Se retuerce…

Gime a viva voz y él lo disfrut.

Todos disfrutan.

Ella le pide jadeando que meta su lengua en su orificio anal, a la misma vez que le estimule el clítoris sin sacar su dedo del interior. Dante espera que sea su esposo quien le de la orden para complacer los deseos de la dama.

— Haz lo que te pide mi esposa.

Sin más lo hace y ella se derrite en su boca.

Sus gritos copan todo el reservado y si se concentra hasta puede escuchar cómo el hombre se estruja su miembro, excitado, viéndolos. Observando como otro hombre juega con su mujer.

Juega con su precioso culo mientras se deleita con sus gritos de placer, esos que le arranca desde lo más profundo de su garganta y ya puede sentir el dolor de su gran erección.

Se retuerce bajo sus manos y baja su boca, pero no se detiene. Le gusta hacerlas gozar, disfruta cada gemido que pueden regalarle.

Un buen rato se pasa jugando con sus zonas intimas, cuando ve que las piernas le tiemblan, que su pecho sube y baja descontroladamente, cuando ve que hunde su cabeza en la almohada y se abre más para él. Y es así que presiona su pulgar en su clítoris, mueve su dedo dentro suyo y lame apasionado su ano, hasta que, de un momento a otro, logra ver un liquido blanquecino escurrirse y bañar sus labios vaginales y cómo si su esposo reconociera el momento exacto en el que ella va eyacular, que de un movimiento se acerca donde ambos y con un movimiento de su mano derecha, Dante entiende que debe alejarse para, observar completamente excitado cómo recibe en su boca el orgasmo de su mujer.

— Desnúdate y acerca tu polla a la boca de mi esposa.

Sus ojos verdes lo miran con deseo cuando toma su miembro y se lo acerca a la boca que espera abierta.

—Ahhh— no puede evitar gemir al sentir la humedad de su boca envolviendo su dureza y se estremece en cuanto sus dientes hacen presión en la base del mismo.

Mueve su cuerpo hacia atrás y hacia delante con avidez desesperado por alcanzar su propio clímax, pero no perdiendo la mirada en su cuerpo, en sus pezones erectos que desea tener dentro de la boca, ella nota esa mirada cargada de deseo, de morbo que toma su seno y se lo ofrece para degustarlo.

El joven se inclina y busca atrapar su ceno izquierdo con su boca y jugar con el. Su esposo, los observa mientras la penetra con fuerza una y otra vez.

Ella disfruta…

Se divierte…

Los tres lo hacen.

—Levántate Clarisa. Tú, ponte debajo.— ordena con voz ronca.

La doble penetración es lo que seguía.

Cumpliendo su orden, se acomoda debajo del cuerpo de la mujer quien se ubica de espaldas a él, - métele la polla en el culo.—ordena y de inmediato, obedece, abriéndose paso por su recto de manera directa.

Durante media hora juegan con ella. Primero él abajo, luego arriba. Habrán cambiado de posiciones unas cuantas veces, dándole placer penetrándola salvajemente por la vagina, por el ano y por la boca. Estar en esa habitación, era una fiesta y eso le fascinaba.

— Gracias, prometo recomendarte con mis amigos.— estrecha la mano con el señor, pero no le deja hacerlo con su esposa.

—Con su permiso.— y se retiro hacia la barra a esperar, porque la noche, recién esta empezando.

. . .

—Fóllame el culo.— Le pide desesperada por lo que saca de su ano el dildo, con el que estaba estimulando y dilatando la zona, para poder penetrarla, pero con su miembro. —tú sabes cómo me gusta bebé.

En cuatro patas, sobre la cama levanta su pelvis, dejándole una visión preciosa de sus glúteos, de su apretado ano, por lo que lo escupe y le mete dos dedos que gira a un lado y al otro mientras se masturba para ponerse más dura la polla. De pronto se inclina a morder uno de aquellos y ase asegura de dejar la marca de sus dientes en el.

—¡ahhh! Mmm tú sabes cómo me gusta.— le dice girando su cabeza y mirándolo para luego hacer un gesto lascivo con su lengua.

Le encanta el dolor y a él provocárselo.

Abre su mano derecha y ¡zas! Le efectúa un fuerte golpe en una nalga y continúa haciéndolo hasta que puede ver su piel roja e hinchada.

— ¡SIII! ¡SIII MI AMOR! ¡SIGUE BEBÉ! ¡SIGUE, NO PARES!—. Y mueve su pelvis buscando que no detenga sus nalgueadas.— mmmm, bebé, ya estoy lista. Fóllame duro.— le pide con urgencia.

Le encanta escucharla suplicar y que le pida que la destroce con su erección.

— Házmelo ya, por favor.— le ruega y no quiere hacerla esperar más.

Su urgencia se vuelve la de él.

Escupe en su orificio viendo como su saliva entra en su recto y este se contrae y lo vuelve loco. Se toma su falo entre su mano izquierda, ubica la punta de su verga en la entrada y comienza hacer presión abriéndose el paso poco a poco.

— Ahhh, hazlo ya.— se impacienta, entonces no la hace esperar.

Se hunde y sabe que el grito que hizo eco en la habitación no fue de dolor sino de placer.

— Sigue, por favor.— le dice arrastrando las palabras y temblando completamente excitada.

Él se mueve con fuerza cacheteando sus glúteos constantemente. La enviste tan fuerte como puede y mes deleito con sus gemidos de placer.

Ella goza y él también. Es la tercera vez que se la coge y siempre le pide que sea más violento al hacerlo porque es eso lo que la excita y le da satisfacción. Lo había contratado porque necesitaba algo de diversión en su vida dado que lleva 20 años casada y está cansada de fingir que goza y que le gusta lo que su esposo le hace en la cama.

Mariana Villalva tiene millones y millones de dólares y podría darle lo que desee, de hecho, en su primer encuentro, 5000 dólares fue su pago, en el segundo, una motocicleta y en el tercero, otro auto de colección. Pero si quería seguir viéndose ella tendría que mover sus influencias para darle lo que deseaba.

Dante ya no se conformaba con ser un simple “nene bien” con el que varios se divierten en el The Clímax a cambio de una paga. No. Quería ser famoso, deseaba que todas en todas partes del mundo se enteren de su existencia, que lo deseen hasta en el lugar recóndito del planeta. Literalmente él quería ser el centro del mundo y sólo el protagónico de una película importantísima que se filmara en unos meses en Hollywood, podría dárselo.

— Fóllame duro.— le pide y sus deseos son órdenes, por lo que levanta sus piernas y las ata a cada extremo de la cabecera de la cama para mantenerlas abiertas y poder entrar en ella con más profundidad y penetrarle el ano con fuerza mientras la masturba con sus dedos introduciéndolos en su vagina.

—ahhh… ahhh.

Gime…

Disfruta y él lo hace con ella, los dos la pasan bien, los dos se deshace sobre el cuerpo del otro.

De pronto le pide que se coloque el arnés para experimentar una doble penetración y lo hace.

Se hunde en ella mientras mantiene su dedo pulgar bailando en su clítoris y cierran los ojos para intensificar la magnífica sensación que experimentan sus cuerpos que desbordan por tanto placer.

—Más fuerte.— esa mujer es insaciable y siempre quiere más, tanto que lo desborda.

Desata sus piernas y la alza entre sus brazos para llevarla a la isla en la cocina, jalarla de los cabellos y pegar su rostro en la mesa. Instintivamente ella sube una de sus piernas sobre el mármol se abre completamente para él.

—Buena chica.— dice inclinado para lamer su sexo y el ano con devoción.

Le gusta.

Vuelve a ubicarse en la entrada de su vagina y de un solo envión se adentra en su cuerpo.

El ruido de sus testículos golpeando su cuerpo es exquisito para ambos y eso ahce que se mueva más rápido sin detenerse.

Estruja sus pechos, muerde y estira sus pezones causándole un agudo dolor que ella disfruta y se deshace completamente delante de él.

Ha perdido la cuenta de la cantidad de veces que la hizo llegar al orgasmo, y puede ver y sentir en lo mojado de su torso desnudo sobre el que ella ha eyaculado varias veces. A diferencia de é, que ha llegado al orgasmo tan sólo en dos ocasiones.

Lo que no deja de obsesionarle y no solo en ella, es cuando le suplican que les termine en la boca y verlas tragar su semen le vuela la cabeza y no todas hacen eso por eso él se arrodilla a sus pies. De echo en la intimidad observar que hacen eso lo hace arrodillarse a sus pies.

—Vamos mami déjate ir para mí.— y cómo si esas fueran las palabras mágicas, la orden para que pueda liberarse, se deja ir, se derrite, con él aun dentro suyo.

—Ahhhhhhhh…— la enviste un par de veces buscando su propio placer y cuando siente que esta por alcanzarlo, saca su miembro desde dentro de su vagina y se lo lleva a la boca para que lo ayude a llegar al éxtasis. —mmm…

Ni bien alcanza el orgasmo, se retira de la habitación, hacia uno de los baños de la casa que conoce perfectamente, para higienizarse y luego hablar sobre lo que deseaba, lo cual sería la única paga que aceptaría de parte de ella.

—Hable con la productora a la que conozco hace años, pero me ha dicho que es imposible que puedan designarte dado que se trata de un proyecto importante y por eso contratarán figuras, lo que ellos llaman de primera.— explica y esto no le gusta nada a él.

—Eso quiere decir que no tendré el protagónico de esa inmunda película.— dice despectivo y sentándose en el sillón.

— Bueno, pero eso no importa porque tengo el dinero suficiente para darte lo que desees.— intenta seducirle desde la cama, pero a Dante no le importa eso porque tiene todo el dinero que puede desear, ahora él quería ir a lo grande. Ser sumiso es divertido, pero ser amo sería mucho más ¿no?

—Ser parte de la película deseo, pero si no puedes con eso.— comenta y se pone de pie lo cual a ella eso no le gusta dado que quiere seguir.

—¿Qué haces?.

— Me voy, he terminado.—y toma de encima de la mesa de luz los papeles del auto que revisa que estén todos a su nombre y por último las llaves del vehículo.

—Pero amor.—se pone de pie inmediatamente y se acerca hasta tomarle el rostro, pero da un paso hacía atrás.

—¿Amor? Esto es un negocio para los dos y lo sabes. Te di lo que buscabas y yo.— levanta los documentos y la llave mostrándole su paga.—lo que quería. Y cómo ahora lo que quiero no me puedes dar, entonces no tengo más nada que hacer aquí.— y se da media vuelta para dirigirse hacia la puerta escuchándola gritar y protestar como una loca.

—¡NO ME PUEDES DEJAR!—. Le advierte desquiciada a viva voz.

—¡YA NO ME SIRVES!—. Es lo ultimo que ella escucha antes de que un golpe a la puerta la deje sola con sus gritos. —histéricas.— musita negando mientras carcajea y observa, estacionado, su "bebé" —siento que me corro al verte.— le habla a su nueva adquisición mientras observa en detalle las ruedas, los espejos y lo acaricia mientras lo rodea hipnotizado por tanta belleza.

Mira por ultima vez la mansión y se detiene a escuchar los gritos de la mujer quien grita que nunca va a encontrar una mujer que lo haga gozar como ella y carcajea. "Dante, dejas locas a todas." se comenta a sí mismo mientras ríe subiéndose a su nuevo bebé un majestuoso Ford Mustang descapotable color blanco exportado directamente de Estados Unidos y acelerando a toda velocidad es que sale de la imponente casa de la señora Villalba, esposa de uno de los empresarios petroleros más importante de Latinoamérica.

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