back
Instalar App
icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
Lluvia de besos
5.0
calificaciones
2.5K
Vistas
32
Capítulo

Abigail de veintidós años lleva diez meses desde que se graduó en una universidad de Colombia y tras su graduación decide abandonar su país ya que el hijo de un narcotraficante se obsesiona con ella, viaja a España tras la muerte de su padre intentando escapar de ese pasado que la tortura y en un intento de iniciar una nueva vida. Lo que no se esperaba es que junto al trabajo de sus sueños encontrará también algo más, que no buscaba pero que puso su vida de cabeza dándole un giro de ciento ochenta grados. No se imaginó que conocer a Kenneth traería esa felicidad que le fue arrebatada en Colombia. Kenneth es un hombre muy exitoso, que no se niega al amor, pero su prioridad es su trabajo, por lo que no tiene tiempo para citas, además lidia con una ex jefa loca que no hace más que acecharlo y espantar a las mujeres de su alrededor. Para él lo más importante es su familia, su trabajo y al amor lo dejó de lado hace mucho tiempo, no se imagina que alguien aparezca para cambiar ese orden al que está acostumbrado y poner su mundo de cabeza.

Capítulo 1
Lluvia de besos

Definitivamente hoy no es mi día, la alarma no ha sonado, mi pelo por alguna razón decidió amanecer rebelde, el atuendo que desde ayer planifiqué no luce tan elegante como imaginé, por lo que me vi obligada a gastar otros quince minutos de mi tiempo para encontrar la vestimenta adecuada, por esta razón me retrasé y perdí el bus así que ahora me encuentro en un taxi donde seguro tendré que pagar una cantidad de dinero exagerada para que me lleve a mi entrevista de trabajo a la cual, voy con cinco minutos de retraso.

Si todo sale bien entonces podré ejercer finalmente mi título universitario. Desde que me gradué hace meses nadie me ha querido contratar a pesar de mis brillantes notas, pues al parecer carezco de cierta experiencia que no sé cómo obtendré si no me contratan.

Luego de muchos intentos fallidos de entrevistas, al fin encontré una empresa donde no les parece importar el nivel de experiencia y si todo sale bien hoy seré uno de los miembros de una de las mejores revistas de Madrid.

Esto no me tiene nada inquieta, para nada más que nerviosa estoy que me muero, en estos momentos me estoy cuestionando mi existencia y si realmente tengo o no mi título de Comunicador Social.

Me concentro en mi respiración porque reconozco que me siento algo agitada por toda esta situación, poco a poco el edificio al que me dirijo se va volviendo más grande. Al llegar pago el taxi rápidamente sin pensar mucho en que si no quedo en la entrevista, todo el dinero gastado en este viaje habrá sido en vano.

Aliso con mis manos la falda negra ajustada que me llega justo debajo de las rodillas y reviso mi camisa verde de mangas largas y con pequeños detalles en sus puños espero y aún luzca tan bella como cuando salí de casa, paso la mano por mi cabello y tomo un profundo suspiro apretando muy fuerte mi bolso como si este fuera a huir de mí, me lleno de valor y lentamente avanzo al gigantesco rascacielos en donde se encuentra en estos momentos mi mayor reto, ser una de las elegidas.

Al llegar al piso quince, tengo entendido que es el de administración, noto que hay muchas chicas la mayoría son un poco más maduras que yo.

Muy segura de mí avanzo para comprobar que efectivamente estoy en el piso adecuado y que aún no me han llamado, siento un ligero alivio al saber que no llego realmente tarde, pues mi turno aún no llega.

Tomo asiento y saco mi celular en un intento de no parecer nerviosa y ocupar mi mente en algo, pero mi objetivo no es logrado, no sé porque siempre que estoy a punto de vivir un momento importante mi mano derecha tiembla, es algo que nunca he conseguido controlar.

Tengo varios mensajes que responderé más adelante, todos son de mi familia dándome ánimos para la entrevista que sería como yo la llamo el trabajo de mis sueños. Guardo de nuevo el celular y empiezo a analizar a las personas que se encuentran a mí alrededor, es una manía que tengo desde hace años y me ayuda a controlar la angustia que atravieso en este momento.

Hay tres mujeres que parecen sacadas de una revista tanto su vestimenta como por aparentar ser una muñeca plástica, todo en ellas grita dinero sus ropas se ven bastante caras, yo las describiría en una sola palabra: falsedad, se mantienen hablando entre ellas, tienen el mismo pase de visitante que me dieron en la entrada, son las que más llaman la atención en el sitio ya que sus risas resuenan por el lugar. Imagino que al igual que yo estén aquí por las entrevistas que se realizarán a lo largo del día, lucen muy calmadas y relajadas, disfrutan de lo que sea que estén hablando y se comportan como si no estuvieran en un sitio de trabajo, yo debería tratar de hacer lo mismo y de una buena vez dejar de temblar tanto.

Me aburro de las señoras glamurosas y poso mis ojos en otra chica, se ve más nerviosa que yo, es más joven y aunque se nota que es de clase humilde me percato que seguramente es muy amable porque cuando nota mi mirada me sonríe con alegría, le devuelvo el gesto y mi atención regresa a las mujeres que se creen que andan en un café ya que una de ellas suelta una risa que resuena por lo largo del pasillo, varias de las personas las miran molestos, suelto un suspiro y regreso mi atención al móvil, alguien se sienta a mi lado y una colonia deliciosa inunda mis pulmones.

Es un apuesto joven que debe ser tres o cuatro años mayor que yo, tiene unos increíbles ojos verdes, sin duda los más bellos que he visto en mi vida. Me siento idiotizada por ellos, me sonrojo al notar que están en mi dirección estoy segura que podría pasar todo un día mirándolos y guardando para mi cada detalle. En un intento de parecer normal, trato de concentrarme en mi teléfono, me muevo entre aplicaciones sin saber que hacer ya que en mi mente solo tengo la imagen de su mirada, no aguanto la tentación y termino volteándome hacia el nuevamente, tiene unas largas pestañas que se le ven de un modo espectacular, su rostro parece que acaba de ser rasurado porque no hay rastro de barba, su cabello castaño está peinado hacia atrás, su rostro es hermoso, tanto como el de un modelo.

Lleva puesto un elegante traje color azul oscuro, si este hombre esta para lo mismo que yo aquí entonces estoy bien jodida porque tiene que irle muy bien en su vida como para poder comprarse un traje y unos zapatos tan elegantes pues juraría que son de marca, tiene esta aura que te atrapa y te hace querer mirarlo todo el tiempo.

El me mira y me da una pequeña sonrisa, le devuelvo el gesto avergonzada y en un intento de no parecerle demasiado rara, teniendo en cuenta que lo acabo de mirar de arriba abajo sin medirme ni un poco regreso mi atención a las tres mujeres anteriores que ahora se encuentran anonadas con el adonis que se encuentra a mi lado.

Escucho se aclaran la garganta, antes de empezar a hablar y una voz varonil algo ronca susurra unas palabras en mi oído, la piel se me eriza y volteo el rostro en dirección al papasito que tengo al lado.

—Estoy seguro que se acaban de conocer y están compitiendo entre ellas a ver cuál es la mejor —Si definitivamente este hombre es un bizcocho, como se diría en Colombia me mira con una breve sonrisa en sus labios, como soy tan educada se le devuelvo el gesto.

—Seguro andan de cotillas —Le contesto, me mira como si esta vez fuera el quien me estuviera detallando, desde el mismo modo en que yo hice con él antes.

Su mirada se dirige a mis ojos y extiende su mano derecha hacia a mí —Soy Kenneth Brown Smith —Le devuelvo el gesto sin eliminar la sonrisa de mis labios

—Mucho gusto, Abigail Rodríguez Peralta —Lentamente recupero mi mano y no sé si decir algo o seguir de chismosa viendo a las tres mujeres, pero él parece notarlo porque nuevamente me habla.

—¿Estás para la entrevista de Editor Principal? —Siento un ligero alivio al saber que este hombre no se encuentra aquí para amenazar el puesto que tanto anhelo, eso lo hace aún más perfecto

—No —Respondo, me mira a espera de algo más que un simple no, pero me encuentro tan embobada que tardo en reaccionar —. Estoy solicitando el puesto de publicista.

Una mujer sale de una habitación y llama a alguien, nombre de un hombre resuena por la habitación, yo estoy tan anonada que ni siquiera noto que llaman a este apuesto bombón que habla conmigo, se levanta y empieza caminar hacia la joven que al verlo sonríe coqueteándole, pero antes de seguir a la chica se da la vuelta y me mira.

—Te deseo buena suerte Abigail —Se gira y la sigue sin darme tiempo a reaccionar o contestar.

Descargar libro